Octubre del 2005

Tanteos

Por doubty - 24 de Octubre, 2005, 18:16, Categoría: dudas sociológicas

Entre mis dudas laborales y mis dudas sociológicas, sorteando como puedo la inexcusable pérdida de tiempo y de energías que me permite comer, he emprendido al fin en ratos robados la febril lectura de los sagrados textos revelados por Nettizen. El plan era revolotear un poco sobre las páginas para pescar ideas, echar un ojo a los temas candentes y a las líneas de trabajo, meditar sobre la posibilidad de desarrollo de un campo bien establecido, o en el peor de los casos, constatar su posible agotamiento por haber muerto de éxito. Pero me temo que eso de hojear, con hache, me resulta muy difícil. Si no me lo leo todo, tengo la impresión de no enterarme de nada. Así que me he propuesto la titánica empresa de leerme la Biblia, de arriba abajo. O casi. Y en esas estamos.

 

Por lo poco que llevo mirado (apenas un cuarto del ladrillo), he encontrado que el campo de los estudios sociales de la ciencia está hirviendo de actividad. Parece evidente que hay una comunidad académica activa y consolidada, que ha establecido su parcela de estudios y la explota haciendo lo que Nettizen denomina, con toda la razón, ciencia normal. ¿Y cuáles son las líneas de investigación? Pues hay casi de todo: etnografía en los laboratorios, análisis retórico del discurso y de los textos científicos, estudios etnometodológicos de la práctica científica, consideraciones desde el feminismo, sociología de la tecnología, reflexiones sobre ciencia, técnica y política, trabajos acerca de la gobernabilidad (¿o tengo que decir gobernanza?) de la ciencia y de la tecnología… Vamos, que esto parece un zoco y tengo de sobra donde elegir. Otra cosa es que sea posible plantear tesis radicalmente novedosas o líneas de investigación revolucionarias. En este sentido, parece que los estudios sociales de la ciencia no son el lugar en el que dar un “campanazo” teórico. Ahí, en la teoría, sí que da la impresión de que el terreno está más trillado que un monte en temporada de setas…. Pero eso será un problema para el que quiera dar un campanazo, digo yo. Que no es mi caso, ni mucho menos.

 

De entre los artículos que llevo leídos, me quedaría con dos temas que me resultan enormemente interesantes. El primero tiene que ver con los problemas asociados a la teoría del actor-red o de la traducción. Me pregunto si es aceptable una perspectiva que pone en cuestión las variables explicativas de tipo social, y que parece renunciar a una comprensión causal (en el sentido sociológico clásico) de los fenómenos que estudia. Desde luego, creo que en el enfoque de Latour, Callon, Law… hay elementos esenciales que ya constituyen puntos de partida desde los que emprender una investigación: asumir la inextricable interrelación entre naturaleza, sociedad y ciencia, rastrear los sistemas sociotécnicos como una “malla sin costuras” de interrelaciones, desentrañar las “alianzas” y los juegos de poder que sustentan y articulan el desarrollo de las teorías científicas, considerar la labor del científico o del técnico como un trabajo de traducción en el que se nombra y se redefine lo real en conexión con otras parcelas de realidad, estudiar la fabricación de “cajas negras” que a partir de entonces se constituyen en objetividades demasiado difíciles de deconstruir…  Pero lo que yo no tengo tan claro es la radicalidad del principio de simetría generalizada, la negación de las lindes entre naturaleza y sociedad, ese intento de devolvernos a la premodernidad borrando la diferencia entre actores humanos y no humanos, y en definitiva (en clara oposición a la teoría de los intereses de Barnes) la renuncia a dar explicaciones basadas en factores sociales de lo que pueda ocurrir en el ámbito científico-técnico. Y es que no paro de preguntarme por la validez y por el sentido de semejante enfoque, que al final me deja una desagradable sensación de impotencia. Porque me da la impresión de que la teoría del actor-red se queda coja en el punto más crítico: en las implicaciones políticas del entramado científico-técnico. ¡Y eso sí que no! ¡Por ahí no paso! El caso es que en varios artículos que revisan el desarrollo teórico y las controversias en los estudios sociales de la ciencia, aparecen referencias a este tema, en contraposición con otras perspectivas, como la de Hughes, que parece más prometedora…

 

El segundo de los asuntos que ha llamado mi atención tiene que ver con la contraposición del saber científico y del saber no científico, en busca del sustrato último que late bajo el discurso de la ciencia. Se trata de rastrear la fundamentación metafórica o epistémica profunda sobre la que está construida nuestra visión científica del mundo. Y esto puede hacerse, según voy viendo, de diversas maneras. Por ejemplo, se puede hacer un análisis feminista para sacar a la luz el sesgo de género de que está cargado nuestro actual discurso científico. Otro modo, que es el que aparece en el texto que he leído, consistiría en comparar el saber científico con otros saberes sobre el mundo,  propios de culturas y tiempos diversos. En el artículo al que me refiero se comparan los sistemas de conocimiento de los Anasazi, los Incas, los navegantes del Pacífico, los aborígenes australianos y los científicos occidentales contemporáneos. La diferencia entre unos saberes y otros, según se venía tradicionalmente sosteniendo, estaría en el carácter local, indexical y contextualizado de los saberes “primitivos” frente a la generalidad, universalidad y abstracción del saber occidental, que le permite trasladarse de unos lugares a otros con enorme éxito. Pero en este texto, la fascinante conclusión planteada por los autores es que el modo característico de representar la realidad empleado por la ciencia (el número y la matematización, la elaboración de mapas y de inscripciones, la creación de registros escritos…) constituye sólo una de entre las muchas maneras posibles que hay de generalizar y extender el saber local para hacerlo trasladable de unos lugares a otros. Aceptando que la potencia de un sistema de conocimiento está en su capacidad de traslación y movilización, podemos afirmar que hay muchas maneras posibles de adaptar el saber local a situaciones nuevas. Esto me recuerda otra forma de abordar este asunto, que es la que emprende Emmánuel Lizcano en su libro sobre la matemática en China y en Grecia. En el fondo se trata de mirar con unos ojos nuevos y abiertos a la sorpresa lo que, visto de otro modo, nos parecería algo natural y carente de misterio. Me temo que esta aproximación antropológica a los saberes es uno de los asuntos que más me interesan de todo este embrollo… ¿Pero habría algo interesante que decir o que hacer sobre este tema?

 

Creo que antes de dar un no rotundo me lo voy a pensar un ratito…

 

Cenando con Ric y Rac

Por doubty - 9 de Octubre, 2005, 20:41, Categoría: dudas formidables

Fantástica conversación con Ric y Rac ayer. Y eso que eran las tantas de la madrugada (horas en las que yo me convierto indefectiblemente en calabaza), y además me encontraba haciendo la dificilísima digestión de los celebérrimos espaguetis a la carbonara que tanto le gustan a nuestro querido Ric.
Bueno, pues el caso es que el incauto de Ric siempre me saca el asuntillo de la Sociología de la Ciencia. Creo que ciertamente siente curiosidad e interés por el tema. Digamos que eso explica alrededor del 40 % del asunto. Pongamos otro 20% de deporte dialéctico, y un 30 % más de defensa como gato panza arriba de la posición de un matemático en activo que seguramente hace fantásticamente bien lo que tiene que hacer. ¿Y el 10% restante? Pues yo diría que se debe a la encomiable actitud de un amigo que se interesa por las cosas que me apasionan...
Pero vayamos al grano. El asunto empieza previsiblemente, con una sucinta explicación acerca del viaje de los piratas a Tenerife. Pasa  inmediatamente a los deberes  inacabados de Ric, que no ha leído más allá de la página 20 en el libro que le he pasado... ¡y eso que es de los mejores! Y después, no sé muy bien por qué, se enlaza con una observación, aparentemente inofensiva, en la que Ric me cuenta muy por encima la satisfacción estética que las matemáticas le proporcionan en determinadas ocasiones. Como le ocurrió, me dice, la semana pasada, al encontrar una forma "
sencilla, elegante, limpia" de demostrar no sé qué demonios, reduciendo la complejidad de una matriz intratable a una combinación de factores en los que los diferentes aspectos del problema quedaban separados en elementos independientes...
Es entonces  cuando definitivamente me despierto, como sacudido por un pinchazo en mis mismísimas posaderas, y me digo: ¡TATE! ¡Esto me suena! (Para más detalles, acúdase a El Tinglao "dudillas con efecto retardado"). Y al pobre Ric le suelto una parrafada como en mis mejores tiempos, desmontando sus aparentemente inocentes adjetivos, y sugiriéndole que detrás de todo ello late la celebérrima Reducción Ontológica de Martinson. No es broma. Lo que hace Fox Keller estudiando a Barbara McClintock se podría tal vez hacer también en un departamento de matemáticas. ¿O no? Ric al principio se resistía a admitir que las matemáticas tuvieran algo que ver con "lo real", que es en definitiva el mundo natural que estudian los biólogos o los físicos. Insiste persuasivamente en su idea de que las matemáticas son sólo un lenguaje formal, una especie de extensión de la lógica que conduce a determinadas conclusiones únicamente si aceptamos ciertas premisas axiomáticas. Pero luego me desvela que el fundamento de esta interpretación (el formalismo de Russell y Whitehead) ha sido duramente criticado desde dentro y desde fuera de las matemáticas.... ¿Y por qué? Precisamente por su carácter de reconstrucción racional a posteriori, muy en la línea Lakatosiana o Popperiana. Pues claro. Las cosas son mucho más pringosas cuando se miran de cerca, ¿no?
Ric, me encanta hablar contigo. ¿Cuándo cenamos de nuevo?

Coprolito en forma de bienvenida

Por doubty - 5 de Octubre, 2005, 16:02, Categoría: General

Vomitado como un mal sueño, deyectado bruscamente por algún dios sin clemencia, amanezco virtualmente en un charco de excrementos y de interrogantes. Desde luego, alguno ya pensará que pronto empiezo a metaforizar. Evidente. Arrojado al anillo exterior de la blogosfera, más allá de las borrosas lindes del ciberespacio, por culpa de mi irreflenable adicción a los adjetivos. De modo que no me ha quedado otra alternativa. O me bloguizo o me despeñan por el Taigeto de la red, que estos cibercompis no tienen piedad. Porque la alternativa más obvia, reprimir mi irrefrenable verbosidad diarreica, no me parece de recibo. A ver si después de años soportando en silencio mi estreñimiento expresivo, resulta que ahora me tengo que poner esparadrapo. De eso nada. Esas cosas se piensan primero. O no haber abierto la caja de los truenos.

Así que, bienvenidos.

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