Diciembre del 2005

Latour vs. Prestel - Segundo asalto

Por doubty - 18 de Diciembre, 2005, 18:57, Categoría: dudas sociológicas

Un comentario al libro "Reassembling the Social", de Bruno Latour - Oxford University Press, 2005

César Prestel

 

Una introducción a la teoría actor-red

Pese a que los primeros planteamientos de lo que después pasaría a denominarse "teoría actor-red" se establecieron hace casi dos décadas[1], ninguna de sus principales figuras había emprendido hasta ahora el intento de exponer sistemáticamente los principios y las propuestas metodológicas que fundamentan dicho enfoque teórico. Esta tarea necesaria pero largamente pospuesta ha quedado finalmente realizada en el presente libro, cuyo título podríamos traducir libremente en español como "Recomponer lo social".

Traspasando ampliamente los límites del campo en el que ha cosechado sus principales éxitos –el de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología–, la teoría actor-red se presenta en esta obra como una propuesta metodológica radical y omnicomprensiva, planteando un abierto desafío a los planteamientos habituales que podemos encontrar en la Sociología actual.

Para Latour, de hecho, las ciencias sociales se han visto inspiradas desde sus mismos comienzos por una serie de intuiciones profundas y acertadas, pero que han sido incorrectamente desarrolladas mediante la creación de categorías erróneas que finalmente han conducido a un callejón sin salida. Aunque Latour reconoce la importancia de algunas intuiciones sociológicas fundamentales en la obra de algunos autores, como Gabriel Tarde o Harold Garfinkel, desde su punto de vista la mayor parte de la teoría sociológica actual ha perdido el rumbo. Para aclarar su postura, Latour parte de la contraposición entre la "sociología de lo social" y la "sociología de las asociaciones"[2]. La primera presupone la existencia de un dominio específico al que se denomina la Sociedad, y aspira a explicar su dinámica mediante la acción de "fuerzas sociales" de las que los actores no se percatan, pero que el sociólogo supuestamente sí que es capaz de identificar y nombrar. La segunda pretende seguir las asociaciones que los distintos actores establecen entre entidades heterogéneas, considerando que lo social es un tipo de conexión entre elementos que, en sí mismos, no son sociales. Así pues, la principal diferencia estriba en que para la teoría actor-red lo social no es un tipo de sustancia que permita, apelando a causas específicas de su misma entidad, explicar lo real, sino que lo social hace referencia a las relaciones entre entidades que, en sí mismas, no están hechas de "materia social".

Para los sociólogos de lo social la tarea de la sociología parte de una decisión previa acerca de los ingredientes de los que está hecho lo social (grupos, clases, campos, individuos racionales…) En cambio, lo que la experiencia nos muestra es que los grupos se están creando continuamente, enrolando a diferentes miembros en ellos. En lugar de producir conceptos abstractos y sofisticados para designar lo social, la teoría actor-red pretende seguir a los actores mismos y dejar que sus conceptos formen parte del discurso. La tarea de definir y ordenar lo social debe dejarse a los propios actores, y no debe ser llevada a cabo por el analista.

En contraste con los planteamientos de la sociología de lo social, la teoría actor-red no pretende suplantar a los actores ni ofrecer una interpretación "social" de sus acciones. El planteamiento consiste más bien en seguir a los actores en su movimiento, rastreando el modo en que se crean asociaciones y se relacionan entre sí elementos heterogéneos. Cuando estos elementos ya relacionados se estabilizan, apareciendo como una caja negra, su aspecto externo recuerda notablemente a las entidades de las que se ocupa la sociología de lo social. De modo que esta última es una aproximación válida cuando las asociaciones han dejado de moverse, de crearse y destruirse, y se han estabilizado.[3] La teoría actor-red no pretende ofrecer una visión sustantiva acerca de la realidad, sino más bien un enfoque metodológico especialmente apto para estudiar situaciones caracterizadas por el cambio y la innovación. Esto quiere decir que la teoría actor-red «puede ser útil, pero sólo si no se "aplica" a "nada"…(…) Es una teoría sobre cómo estudiar las cosas, o sobre cómo no hay que estudiarlas, o sobre cómo dejar espacio a los actores para expresarse por sí mismos. (…) Otras teorías dicen cosas sustantivas acerca de los constituyentes de los que está hecho el mundo social. Esto puede funcionar cuando los ingredientes son conocidos y las cosas no cambian demasiado deprisa. Pero cuando los límites son borrosos y aparecen nuevos elementos, la teoría actor-red puede ser mucho más útil.»[4]

 

Esta contundente crítica hacia toda la teoría sociológica elaborada en los últimos ciento cincuenta años implica también el rechazo de la mayor parte de sus objetivos, sus métodos y sus planteamientos. Para empezar, la teoría actor-red interpreta de forma completamente distinta a la "sociología de lo social" el significado de la "explicación sociológica". Mientras que para la sociología de lo social, una explicación consiste, por lo general, en encontrar fuerzas o estructuras sociales que actúan como causas de los fenómenos sociales, en el planteamiento de la teoría actor-red lo social no es ningún tipo de sustancia, sino más bien el resultado de un proceso de asociaciones y conexiones que es preciso rastrear. Desde este punto de vista, la tarea del sociólogo de las asociaciones no es tanto explicar como describir, dando para ello la palabra a los actores y rechazando la tentación de proponer un discurso totalizador desde una posición presuntamente más elevada o más legítima que la de los informantes. La pretensión de la sociología de lo social de encontrar un punto de vista privilegiado desde el cual contemplar la realidad que permanece oculta para los actores proviene, según Latour, de una precipitada voluntad de intervención política, que lamentablemente ha conducido a cortocircuitar de forma catastrófica el camino entre lo social y lo político.

Los presupuestos básicos de la teoría actor-red

Asumir las propuestas de la teoría actor-red permite enfocar de manera alternativa el análisis de la acción, uno de los problemas básicos de las ciencias sociales desde su mismo origen histórico. La principal dificultad teórica estriba en la evidencia de que la acción no se desarrolla nunca de forma transparente ni se lleva a cabo bajo el control total de la intencionalidad y la consciencia. En este sentido, puede decirse que el problema de la acción consiste en interpretar el sentido de este rebasamiento inexplicado. La acción es sobrepasada, hay otros agentes que se apropian de ella, hay elementos imprevistos en su desarrollo, y su realización resulta distribuida de forma misteriosa. Cuando actuamos, parece que algo o alguien más está actuando con y por nosotros.

La interpretación que la sociología de lo social hace del problema de la acción pasa por considerar que las "fuerzas sociales" son las responsables de lo que ocurre. Así, una explicación sociológica consiste en interpretar el rebasamiento de la acción como una manifestación de la actividad de las poderosas fuerzas que constituyen lo social (clases, culturas, estructuras, campos, subjetividades, inconscientes…) que conducen al actor a llevar a cabo su acción sin que sea consciente de ello. Pero, según plantea Latour, «existe una brecha enorme, infranqueable, abismal, en ir desde esta intuición – la acción es sobrepasada – a la conclusión usual de que una fuerza social ha tomado el control»[5].

Frente a esta interpretación, la teoría actor-red defiende el carácter infradeterminado de la acción, puesto que el actor no es la fuente de la acción, sino que es más bien aquello que es llevado a actuar por la intervención de muchos otros. Para comprender el significado de la acción lo que tiene que hacer el sociólogo de las asociaciones es darle la palabra a los implicados. El analista tendrá, por tanto, que prestar mucha atención a las controvertidas explicaciones en las que los implicados dan cuenta de sus acciones, evitando la tentación de situarse en un punto de vista privilegiado y reivindicando el carácter creativo de los actores.

La cuestión de la acción social está íntimamente relacionada con otro de los problemas centrales de la teoría sociológica: las relaciones entre lo micro y lo macro. La práctica de los sociólogos de lo social ha consistido en un movimiento pendular de la interacción local al contexto global, alternando sucesivamente los enfoques estructuralistas e interaccionistas. El tratamiento habitual consiste en oscilar entre una descripción micro centrada en la interacción en la que el contexto influye o condiciona a los actores, y una descripción macro que descubre la estructura social reveladora de las dinámicas observadas, pero en la que resulta difícil encajar el grado de libertad del actor implicado. ¿Está el actor dentro de un sistema, o está el sistema hecho de actores que interactúan? La estrategia suele pasar por sortear este problema buscando una solución de compromiso (como la planteada por la teoría del habitus de Bourdieu, o la teoría de la estructuración de la sociedad de Giddens…). En contraposición con  estos planteamientos, la teoría actor-red propone considerar a la vez al actor y a la red en la que está inscrito, acabando con este movimiento pendular entre lo local y lo global. Para ello, el sociólogo de las asociaciones deberá esforzarse en seguir el rastro de las conexiones establecidas entre los actores, resaltando en el proceso la presencia crucial de los mediadores.

La teoría actor-red no sólo rechaza la filosofía de la causalidad implícita en la sociología de lo social, sino que además ofrece un planteamiento alternativo introduciendo una distinción fundamental entre intermediarios y mediadores. Un intermediario «es lo que transporta un significado o fuerza sin transformación»[6]. Se trata de una caja negra que puede ser considerada como un elemento único, aunque esté hecho de muchas partes. Un mediador, por el contrario, transforma, traduce, distorsiona y modifica el significado de aquello que transporta, y su acción no puede ser descrita linealmente, puesto que puede llevarnos a distintas e imprevisibles direcciones.[7]

Para la teoría actor-red explicar consiste en relacionar unas entidades con otras, trazando sus conexiones y siguiendo el rastro de los mediadores implicados en el proceso. En este sentido, la teoría actor-red niega la existencia de una Sociedad, concebida como un dominio específico de la realidad. Más concretamente, lo que se propone es ignorar la escisión de lo real en los reinos divergentes de la Naturaleza y de la Sociedad.[8] Los sociólogos de lo social tienden a afirmar que la división entre Naturaleza y Sociedad está basada en la existencia de "hechos" incuestionables pertenecientes al ámbito de la Naturaleza, frente a la existencia de "fuerzas sociales" pertenecientes al ámbito de la Sociedad, sin advertir que estos "hechos" no son nada más que intermediarios en los que se ha perdido el rastro de las asociaciones que les dieron origen. El asunto cobra un aspecto completamente distinto si centramos nuestra atención no en los hechos, sino en las relevancias, que en lugar de intermediarios son mediadores constituidos por conglomerados de elementos en los que es posible seguir el rastro de las asociaciones que los han reunido. Las entidades, cuando están sujetas a controversia, se despliegan como múltiples y los "hechos" no son más que relevancias enmudecidas. Así, la teoría actor-red rechaza el intento de unificación de la Naturaleza mediante los "hechos" incuestionables, de la misma manera que rechaza la existencia de una "Sociedad" constituida por "fuerzas sociales".

Si se considera que lo social es una asociación y no un cierto tipo de sustancia "sui generis", resulta imprescindible explicar el modo en que estas asociaciones se estabilizan y perduran. Y lo que la sociología de las asociaciones muestra es que para que las asociaciones se estabilicen y perduren hace falta incluir en ellas agentes no humanos.[9] De hecho, es muy habitual que la acción social pueda delegarse en distintos tipos de agentes capaces de hacer que otro haga algo. Desde este punto de vista es necesario ampliar el concepto de actor. Así, cualquier elemento que modifique un estado de cosas o que establezca una diferencia es un actor (o mejor, un actante). Pero esto no quiere decir que estos participantes "determinen" la acción, puesto que afirmar algo así equivaldría a convertir los objetos en causas cuyos efectos serían transportados por la acción humana. En cambio, la teoría actor-red afirma que hay todo un repertorio de matices para referirse al modo en que los actantes no humanos pueden intervenir: desde hacer posible la acción, a modificarla, permitirla, autorizarla, facilitarla, dificultarla, influenciarla…

Al conjunto de todas estas entidades reunidas que intervienen conjuntamente, la teoría actor-red las denomina colectivo. Esta noción de colectivo permite superar la distinción entre lo material y lo social, entre una Naturaleza hecha de objetos inertes y pasivos, y una Sociedad hecha de fuerzas sociales o de individuos intencionales y activos. Lo que la teoría actor-red propone es explorar las asociaciones que relacionan a los actantes siguiendo el proceso de establecimiento de lazos sociales que se hacen visibles sólo cuando se producen nuevas asociaciones.  Se trata de seguir el proceso de delegación o traslación, que es un camino continuo, resistiendo la tentación de saltar del ámbito de lo local al ámbito del contexto, como hace la sociología de lo social, lo cual implica prestar gran atención al entorno en el que los efectos estructurales son elaborados. Que dichos efectos ciertamente se construyan en lugares y momentos localizados e identificables no quiere decir que sean un invento ni que sean irreales[10], sino que la estructura está relacionada, conectada y asociada con actos concretos de maneras específicas que la investigación debe revelar puesto que «lo macro no se encuentra ni "sobre" ni "bajo" las interacciones, sino que está añadido a ellas como otra más de sus conexiones»[11]. El sociólogo de las asociaciones deberá por tanto esforzarse en localizar lo global, analizando el modo en que los efectos a gran escala son producidos localmente mediante los actores.

Los sociólogos de lo social han eliminado de la investigación el núcleo de las ciencias sociales, que es la producción misma del lugar, el tamaño y la escala. En lugar de establecer la escala como un parámetro previo a la investigación, la tarea del sociólogo de las asociaciones consistirá en seguir el rastro de los actores para encontrar el modo en que esta escala es producida como un resultado de las interrelaciones establecidas por el camino. La cuestión esencial estriba en que la escala de este marco (lo que podría llamarse el "zoom" social que cabe aplicar a cada caso) no venga impuesta por el sociólogo, sino que sea establecida por los propios actores.

Resituar lo global, remitiéndolo a las situaciones locales en las que se genera, es un paso importante y necesario, pero insuficiente. A continuación es preciso resituar también lo local, para lo cual debemos partir de la evidente presencia en toda interacción local de una gran diversidad de elementos que ya estaban en el lugar de la acción antes de que llegasen los actores. Es posible seguir el rastro que la mayor parte de estos ingredientes han ido dejando mediante el enrolamiento, la implicación y la multiplicación de actores no-humanos por el camino. Se trata de un proceso de dislocación y traducción en el que unos lugares resultan transportados a otros lugares mediante el uso de diversos medios de delegación que actúan como "localizadores" o "articuladores" de la acción. Lo que hemos llamado interacción local es la composición de todas las demás interacciones distribuidas a lo largo del tiempo y del espacio, y que han sido traídas a la escena mediante diversos actores no-humanos.

Un ejemplo del modo en que puede prescindirse de la dicotomía micro/macro lo proporciona la presencia de lugares desde los que se puede observar una parcela muy reducida, pero con gran penetración y profundidad. La potencia de estos lugares, a los que Latour denomina "oligópticos", depende de forma crucial de sus conexiones y asociaciones con todas las demás entidades con las que mantiene relación. «Desde los oligópticos, se hacen posibles visiones profundas aunque extremadamente estrechas del todo (conectado) – siempre y cuando las conexiones se mantengan.»[12] Ejemplos de oligópticos son el puesto de mando desde el que se dirige un ejército en combate, o el despacho del editor de un periódico, desde el que se coordina el trabajo de toda la redacción…

La noción de "oligóptico" debe distinguirse netamente del concepto de "panorama" «Contrariamente a los oligópticos, los panoramas, como sugiere su etimología, lo ven todo. Pero también puede decirse que no ven nada, puesto que simplemente muestran una imagen pintada (o proyectada) sobre la pequeña pared de una habitación completamente cerrada al exterior.»[13] Desde luego, no puede negarse que las ciencias sociales están llenas de ambiciosas descripciones de la totalidad que operan como grandes marcos de referencia. Pero estos montajes sólo funcionan cuando son exhibidos en una situación local, cuando se dirigen a un público concreto y cuando son mantenidos mediante un juego constante de conexiones con otras entidades también locales. Estas reconstrucciones que aparentemente lo ven todo, pero cuya fuerza reside por completo en las múltiples relaciones que las mantienen unidas a otras entidades son los panoramas. Ejemplos de panoramas son las grandes narrativas de la filosofía y de la sociología, las reconstrucciones históricas, las interpretaciones a gran escala de la evolución cultural…

Un aspecto esencial en el análisis de toda interacción es el modo en que los actores interpretan el escenario en el que están situados. El agente humano tiene que poner algo de su parte para que la acción sea ejecutada convenientemente. Los sociólogos de lo social suelen en este punto referirse a la "subjetividad" e "intencionalidad" del actor. Pero esta explicación nos devuelve a una escisión entre lo local (la interioridad del sujeto) y lo global (el contexto social) que estábamos tratando de sortear. Para prescindir de esta dicotomía, la teoría actor-red propone que las subjetividades, las justificaciones, los inconscientes y las personalidades son también entidades circulantes que funcionan mediante "individualizadores", de manera que sólo tenemos un actor completo cuando lo componemos, dotándolo de varias capas sucesivas, cada una de las cuales es diferente de la siguiente.

Las situaciones a las que se enfrentan los actores están preparadas para que un actor genérico encaje en ellas. Pero para desarrollar la interacción de forma local y provisionalmente competente, el actor debe incorporar estos "plug-ins" circulantes para equiparse con todo lo necesario, incluyendo los elementos subjetivizadores que permiten construir el yo.[14] La teoría actor-red propone seguir el rastro de los mediadores circulantes gracias a los cuales podemos alcanzar nuestra interioridad y convertirnos en individuos. Es precisamente la red de conexiones que ligan a un actor con otros actores lo que sustenta la individualidad del agente. De hecho, no es adecuado concebir al agente como fuente o punto de partida de la acción, sino que es más apropiado imaginarlo como un mediador capaz de hacer que otros hagan algo, Y hacer que otro haga algo no es lo mismo que causar o determinar, porque el aspecto clave del proceso es la traducción que tiene lugar y que disloca la acción, modificando tanto su contenido como su significado.

Entender la agencia como un proceso circulante nos lleva a indagar acerca del tipo de conectores que se emplean para transportarla. Las entidades circulantes pueden adoptar diferentes formatos, como documentos, informes, mapas, gráficos… Se trata de formas y de estándares que extienden localmente a todas partes un consenso mediante el flujo de documentos cuyo rastro es posible seguir. Así, las agencias se vuelven comparables y conmensurables. De hecho, el enorme poder de la sociología de lo social proviene del éxito con el que ha difundido estos estándares, en un proceso performativo que contribuye activamente a configurar ese mismo ámbito de lo social que está explicando. Pero si lo social consiste en la circulación de mediadores que conectan las diversas entidades relacionadas entre sí, ¿qué es lo que hay entre medias de esta malla?, ¿en qué consiste el espacio vacío que no está conectado por estos circuitos? De forma un tanto ambigua y sorprendente, Latour propone denominar "plasma" a «esta inmensa extensión de lo que todavía no ha sido medido, formateado, socializado, movilizado, subjetivizado o insertado adecuadamente en una cadena metrológica.»[15]

Una vez que la sociología de las asociaciones ha desplegado las controversias relacionadas con el número y el tipo de participantes implicados en las composiciones, y una vez que ha seguido el modo en que los propios actores estabilizan estas incertidumbres elaborando formatos, estándares y metrologías, su tarea consistirá en estudiar el modo en que estas nuevas composiciones así reunidas configuran un conglomerado dentro del cual es preciso cohabitar con una multitud de entidades nuevas. Y este último propósito implica desarrollar una epistemología política completamente distinta a la propuesta por la sociología crítica. De hecho, toda disciplina (incluyendo la sociología) debe ocuparse de una doble tarea, porque «al mismo tiempo estará extendiendo el rango de entidades operativas en el mundo y transformando algunas de ellas en intermediarios fiables y estabilizados.»[16] Las ciencias sociales, igual que todas las demás disciplinas, se dedican a multiplicar las agencias y a disciplinar a algunas de ellas. En este sentido, todas las ciencias son también un proyecto político. Si la sociología quiere convertirse en la "ciencia sobre cómo vivir juntos en el mundo", no le bastará con describir las asociaciones existentes, sino que también deberá preocuparse por hacer posible y agradable la cohabitación en este conglomerado que está contribuyendo a reunir.

Conclusión

La teoría actor-red nació a mediados de los 80 como un enfoque metodológico atípico en el seno de una disciplina – los estudios sociales de la ciencia – que ya era de por sí bastante esotérica y minoritaria. Sin embargo, el desarrollo de este peculiar campo de investigación durante los últimos años y su transformación en una rama consolidada dentro de la corriente principal de la Sociología académica, ha conferido una especial e inusitada relevancia a las complejas controversias teóricas que se han producido acerca de sus fundamentos y de sus perspectivas. Para la mayoría de los académicos que trabajan en este terreno, la sociología de la ciencia es una disciplina madura que ha logrado extender con éxito las técnicas de investigación social habitualmente empleadas en otros ámbitos de la Sociología al estudio de la Ciencia y de la Tecnología. Sin embargo, para los partidarios de la teoría actor-red, el balance de estos cerca de veinte años de investigación en los estudios sociales de la ciencia resulta bien distinto, puesto que piensan que «la práctica científica es demasiado dura para ser atacada por la teoría social ordinaria, y es preciso desarrollar una nueva que pueda usarse también para arrojar una nueva luz sobre materias "más ligeras" – contra nuestros colegas en el campo de los estudios de la ciencia que prefieren no ver que su propio trabajo implica una amenaza a su disciplina original.»[17]

La publicación de "Reassembling the Social" puede entenderse, en este sentido, como un intento para mostrar las limitaciones de la teoría sociológica clásica en campos de estudio caracterizados por un entorno de cambio e innovación, así como una exposición sistemática y coherente de las líneas generales de un planteamiento teórico alternativo. La teoría actor-red es así presentada esencialmente como una propuesta metodológica, y no sustantiva[18], caracterizada por un enfoque netamente constructivista, pero ocupada al mismo tiempo en una redefinición de la objetividad, a la que insiste en considerar como el resultado de un proceso en lugar de como un punto de partida. Poniendo el énfasis en la construcción de redes heterogéneas, la tarea del sociólogo consistiría en reconstruir las conexiones en las que los agentes (entre los cuales deben incluirse tanto los humanos como los no-humanos) se asocian entre sí, traduciendo la acción y generando como consecuencia un conglomerado heterogéneo de entidades, estructuras y categorías. Así definido, lo social consiste en el proceso de recomposición de las asociaciones para formar un conjunto que ya no resulta pertinente denominar "natural" ni "social", sino que conviene denominar "colectivo".

Respecto a la dudosa etiqueta de "actor-red" elegida para nombrar a esta teoría, Latour nos recuerda que lo importante no es tanto mostrar que nuestro objeto de estudio tiene "forma de red", como trazar las asociaciones que conectan a los actantes involucrados en la situación siguiendo el rastro de sus desplazamientos y de sus traducciones.[19] En esta definición, el término "actor" designa a cualquier elemento capaz de modificar el comportamiento del otro o, en otros términos, capaz de "establecer una diferencia". El término "red" se refiere a la cadena de traducciones y dislocaciones de la acción que relaciona a los diferentes actantes unidos por mediadores.

Que finalmente dispongamos de una presentación rigurosa y coherente de la teoría actor-red no implica en modo alguno que haya quedado zanjada la viva controversia que sus propuestas han venido suscitando. De modo que los planteamientos fundamentales de la teoría mantienen toda su vieja carga de ambigüedad y sugerencia: la agencia atribuida a los no-humanos, la redefinición del "objetivismo" peligrosamente próxima al positivismo que tan duramente se han esforzado en combatir los enfoques relativistas de la sociología del conocimiento científico, la importancia otorgada a los actores y la preocupación constante por darles voz y por tomarse en serio sus razones, la particular concepción de lo político implícita en la teoría, la afirmación de que la máxima implicación a la que puede aspirar el autor consiste en "escribir un buen informe". Lo que a todas luces resulta evidente es que, sea cual sea la opinión que merezcan los planteamientos  de la teoría actor-red, este libro parece destinado a convertirse en una referencia fundamental e insoslayable para quienes en el futuro quieran acercarse de forma rigurosa y sistemática a sus planteamientos teóricos fundamentales.

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Puede considerarse que la teoría actor-red nace con tres obras seminales que establecieron sus fundamentos básicos. Se trata, en primer lugar, del texto de Bruno Latour sobre  "La pasteurización de Francia" (1988/1984, Cambridge, Mass. Harvard University Press). También, del célebre artículo publicado por Michel Callon en 1986: "Algunos elementos de la sociología de la traducción. La domesticación de las vieiras y los pescadores en la bahía de St. Brieuc" (1995/1986, en J.M. Iranzo et al: Sociología de la Ciencia y la tecnología, 259-282, Madrid – CSIC). Y, en tercer lugar, hay que considerar el artículo de John Law "Sobre los métodos del control a larga distancia: las embarcaciones, la navegación y la ruta portuguesa hacia la India" (1986, en Power, Action adn Belief. A New Sociolgy of Knowledge?, ed. John Law, Keele: Sociological Review Monograph).

[2] Con su inimitable y provocativo lenguaje, Latour escribe en la página 3: «¿Qué es la sociedad? ¿Qué significa la palabra "social"? (…) Para responder estas preguntas, se han realizado dos aproximaciones muy distintas. Sólo una de ellas se ha convertido en sentido común – la otra es el objeto del presente trabajo»

[3] Confróntese con lo que podemos leer en la página 11: «Es cierto que en la mayoría e las situaciones, recurrir a la sociología de lo social no es sólo razonable, sino también indispensable, puesto que ofrece un atajo para designar todos los ingredientes que ya son aceptados en el reino colectivo. (…) Pero en situaciones en las que proliferan las innovaciones, cuando los límites de los grupos son inciertos, cuando el rango de entidades que es preciso tener en cuenta fluctúa, la sociología de lo social ya no es capaz de trazar las nuevas asociaciones de los actores»

[4] Páginas 141-142. Este resumen de la teoría actor-red, tan claro como conciso, forma parte del diálogo que Latour introduce como "interludio" en la parte central del libro. Se trata de la interesante y descorazonadora conversación que mantienen un maduro profesor que actúa como adalid de la teoría actor-red, y un joven estudiante de doctorado ansioso por descubrir el modo en que esta revolucionaria teoría puede ayudarle con su tesis a medio terminar.

[5] Página 45.

[6] Página 39.

[7] En la misma página 39 leemos: «Los mediadores (…) no pueden contabilizarse simplemente como una unidad (…) Sus entradas no permiten nunca predecir correctamente cuáles son sus salidas; siempre hay que tener en cuenta su especificidad.»

[8] El rechazo de esta distinción, a la que Latour denomina "la constitución moderna" está ampliamente desarrollado en "Nunca hemos sido modernos" (1993/1991, Madrid – Debate)

[9] El problema de la agencia atribuida a los actantes no-humanos es, sin duda, uno de los puntos más sugerentes y controvertidos de la teoría actor-red. Se trata, en definitiva, de una consecuencia del "principio de simetría generalizada". «Ser simétricos, para nosotros, simplemente significa no imponer a priori una asimetría espuria entre la acción intencional humana y un mundo material de relaciones causales.» (Página 76)

[10] Desde sus comienzos, la teoría actor-red ha sido criticada por su orientación radicalmente constructivista.  « (…) resultó dolorosamente claro que si queríamos continuar utilizando la palabra construcción tendríamos que luchar en dos frentes: contra los epistemólogos que continuaban defendiendo que los hechos "naturalmente" que no están construidos (…) y contra nuestros "queridos colegas" que parecían querer decir que si los hechos estaban construidos entonces eran tan débiles como fetiches.» (Página 91). El planteamiento de la teoría actor-red, en cambio, es mucho más sofisticado, afirmando que la objetividad de los hechos reside precisamente en su carácter construido (al que, por cierto, nos remite la propia etimología de la palabra "hecho").

[11] Página 177. No está de más señalar la importancia que Latour otorga en todo su texto (y muy especialmente en la segunda parte) a la metáfora topográfica, lo cual le lleva a afirmar que el objetivo de la teoría actor-red consiste en "mantener plano lo social" siguiendo las "trazas" dejadas por los actores en su "camino".

[12] Página 181

[13] Página 187

[14] En la página 211 leemos: «Las capacidades cognitivas no residen en "ti", sino que están distribuidas a través del escenario formateado, que no está hecho únicamente de localizadores, sino también de muchas proposiciones para construir competencias, y de muchas pequeñas tecnologías intelectuales»

[15] Página 244

[16] Página 257. Pero Latour inmediatamente recalca – en la página siguiente – que semejante planteamiento «no implica que estas disciplinas sean ficciones que inventan la materia de la que se ocupan. Lo que significa es que son, como el nombre bellamente indica, disciplinas: cada una ha escogido desplegar algún tipo de mediador, y ha favorecido un cierto tipo de estabilización, poblando así el mundo con diferentes tipos de bien construidos y plenamente formateados habitantes.»

[17] Página 96. La disputa teórica sobre el balance final de los estudios sociales de la ciencia y la posibilidad de extender en este campo los métodos y los planteamientos de la sociología ordinaria queda claramente de manifiesto en el artículo de Collins y Yearley "Epistemological Chicken" (1992, en Science as Practice and Culture. ed. Pickering, Chicago: University of Chicago Press) , así como en la respuesta a este texto de Callon y Latour "Don´t throw the Baby out with the Bath School!" (1992, en Science as Practice and Culture. ed. Pickering, Chicago: University of Chicago Press). Asimismo, aparece en el texto de Bloor "Anti Latour" (1999 Studies in History and Philosophy of Science, 30/1) y la respuesta de Bruno Latour en "For Bloor and Beyond – a Response to David Bloor´s Anti Latour" (1999 Studies in History and Philosophy of Science, 30/1)

[18] El énfasis sobre este carácter esencialmente metodológico de la teoría actor-red queda claro desde el comienzo del libro, cuando la obra es presentada como si fuese una "guía de viaje". Y como aviso para quienes puedan encontrar indignante semejante comparación, Latour se permite «recordarles amablemente que "a dónde viajar" y "qué es lo que merece la pena ver allí" no es nada más que una forma de nombrar (…) lo que habitualmente se denomina con el pomposo nombre griego de "método" o, aún peor, "metodología".» (Página 17)

[19] La ambigüedad y confusión creada por el término "red" ("network" en inglés) hicieron que Latour en un principio rechazase totalmente la denominación de "teoría actor-red" (ANT en inglés). Sin embargo, su actitud cambió cuando «alguien me señaló que el acrónimo ANT resultaba perfectamente adecuado para un viajero ciego, miope, adicto al trabajo, que husmea su camino y que es colectivo.» (Página 9). De hecho, Latour considera que la palabra ideal para describir las redes sería el término "worknet" en lugar de "network" (Página 143)

Las razones de la hormiga

Por doubty - 6 de Diciembre, 2005, 19:21, Categoría: dudas sociológicas

Una fantasía inspirada por la lectura del libro "Reassembling the Social",  de Bruno Latour

Una exposición sistemática de la teoría actor-red

Sin duda, Bruno Latour es uno de los autores más carismáticos, polémicos y controvertidos de la Sociología actual. Traspasando ampliamente los límites del campo en el que ha desarrollado sus trabajos más importantes –el de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología–, sus provocadores planteamientos y sus atrevidas propuestas han sido el centro de acalorados debates  a los que no han sido ajenas las tristemente célebres "guerras de la ciencia".

Pese a que Bruno Latour es uno de los más notorios exponentes de la denominada "teoría actor-red" (ANT, en sus siglas inglesas), nunca hasta ahora había emprendido el intento de exponer sistemáticamente los principios y las propuestas metodológicas que fundamentan dicho enfoque teórico.  Precisamente esta obra largamente esperada, cuyo título podríamos traducir libremente en español como "Recomponer lo social", es un verdadero regalo para quienes deseábamos ver plasmada de forma coherente una introducción a la teoría actor-red. Y el texto, fiel a la idiosincrasia de su autor, no es de los que dejan indiferente a quien se acerque a sus páginas.

Errores y horrores de la teoría sociológica, o cómo replantear la tarea del sociólogo

Este libro es, en primer lugar, una implacable y radical crítica de toda la tradición sociológica desde Durkheim hasta nuestros días. Para Latour, la  Sociología, desde sus mismos comienzos, se ha visto inspirada por una serie de intuiciones profundas y acertadas, pero que han sido incorrectamente desarrolladas mediante la creación de categorías erróneas que finalmente han conducido a las ciencias sociales a un callejón sin salida. Aunque Latour reconoce la importancia de algunas intuiciones sociológicas fundamentales en la obra de algunos autores, como Gabriel Tarde o Harold Garfinkel, desde su punto de vista la mayor parte de la teoría sociológica actual ha perdido el rumbo. Para aclarar su postura, Latour parte de la contraposición entre la "sociología de lo social" y la "sociología de las asociaciones". La primera presupone la existencia de un dominio específico al que se denomina la Sociedad, y aspira a explicar su dinámica mediante la acción de "fuerzas sociales" de las que los actores no se percatan, pero que el sociólogo supuestamente sí que es capaz de identificar y nombrar. La segunda pretende seguir las asociaciones que los distintos actores establecen entre entidades heterogéneas, considerando que lo social es un tipo de conexión entre elementos que, en sí mismos, no son sociales. Así pues, la principal diferencia estriba en que para la teoría actor-red lo social no es un tipo de sustancia que permita, apelando a causas específicas de su misma entidad, explicar lo real, sino que lo social hace referencia a las relaciones entre entidades que, en sí mismas, no están hechas de "materia social".

Para los sociólogos de lo social la tarea de la sociología parte de una decisión previa acerca de los ingredientes de los que está hecho lo social (grupos, clases, campos, individuos racionales…) En cambio, lo que la experiencia nos muestra es que los grupos se están creando continuamente, enrolando a diferentes miembros en ellos. En lugar de producir conceptos abstractos y sofisticados para designar lo social, la teoría actor-red pretende seguir a los actores mismos y dejar que sus conceptos formen parte del discurso. La tarea de definir y ordenar lo social debe dejarse a los propios actores, y no debe ser llevada a cabo por el analista.

Esta denuncia de la "sociología de lo social" es especialmente dura cuando se refiere a una de sus variantes más combativas, la "sociología crítica". Según Latour, la "sociología crítica" no sólo reemplaza la opinión de los actores por una serie de "estructuras  ocultas" o "fuerzas sociales", ignorando la opinión de los informantes y sustituyendo sus voces por la interpretación del sociólogo, sino que además toma la indignada reacción de estos informantes ante la visión del analista como la mejor prueba de que el sociólogo ha encontrado la verdadera explicación de lo que ocurre.

En contraste con los planteamientos de la sociología de lo social, la teoría actor-red no pretende suplantar a los actores ni ofrecer una interpretación "social" de sus acciones. El planteamiento consiste más bien en seguir a los actores en su movimiento, rastreando el modo en que se crean asociaciones y se relacionan entre sí elementos heterogéneos. Cuando estos elementos ya relacionados se estabilizan, apareciendo como una caja negra, su aspecto externo recuerda notablemente a las entidades de las que se ocupa la sociología de lo social. De modo que esta última es una aproximación válida cuando las asociaciones han dejado de moverse, de crearse y destruirse, y se han estabilizado.

Esta contundente crítica hacia toda la teoría sociológica elaborada en los últimos ciento cincuenta años implica también el rechazo de la mayor parte de sus objetivos, sus métodos y sus planteamientos. Para empezar, la teoría actor-red interpreta de forma completamente distinta a la "sociología de lo social" el significado de la "explicación sociológica". Mientras que para la sociología de lo social, una explicación consiste, por lo general, en encontrar fuerzas o estructuras sociales que actúan como causas de los fenómenos sociales, en el planteamiento de la teoría actor-red lo social no es ningún tipo de sustancia, sino más bien el resultado de un proceso de asociaciones y conexiones que es preciso rastrear. Desde este punto de vista, la tarea del sociólogo de las asociaciones no es tanto explicar como describir, dando para ello la palabra a los actores y rechazando la tentación de proponer un discurso totalizador desde una posición presuntamente más elevada o más legítima que la de los informantes. La pretensión de la sociología de lo social de encontrar un punto de vista privilegiado desde el cual contemplar la realidad que permanece oculta para los actores proviene, según Latour, de una precipitada voluntad de intervención política, que lamentablemente ha conducido a cortocircuitar de forma catastrófica el camino entre lo social y lo político.

El problema de la acción, o cómo aprender de la vida privada de las marionetas

El análisis de la acción constituye uno de los problemas básicos de las ciencias sociales, desde su mismo origen histórico. La principal dificultad teórica estriba en la evidencia de que la acción no se desarrolla nunca de forma transparente ni se lleva a cabo bajo el control total de la intencionalidad y la consciencia. En este sentido, puede decirse que el problema de la acción consiste en interpretar el sentido de este rebasamiento inexplicado. La acción es sobrepasada, hay otros agentes que se apropian de ella, hay elementos imprevistos en su desarrollo, y su realización resulta distribuida de forma misteriosa. Cuando actuamos, parece que algo o alguien más está actuando con y por nosotros.

La interpretación que la sociología de lo social hace del problema de la acción pasa por considerar que las "fuerzas sociales" son las responsables de lo que ocurre. Así, una explicación sociológica consiste en interpretar el rebasamiento de la acción como una manifestación de la actividad de las poderosas fuerzas que constituyen lo social (clases, culturas, estructuras, campos, subjetividades, inconscientes…) que conducen al actor a llevar a cabo su acción sin que sea consciente de ello.

Frente a esta interpretación, la teoría actor-red defiende el carácter infradeterminado de la acción, puesto que el actor no es la fuente de la acción, sino que es más bien aquello que es llevado a actuar por la intervención de muchos otros. Para comprender el significado de la acción lo que tiene que hacer el sociólogo de las asociaciones es darle la palabra a los implicados. El analista tendrá, por tanto, que prestar mucha atención a las controvertidas explicaciones en las que los implicados dan cuenta de sus acciones, evitando la tentación de situarse en un punto de vista privilegiado y reivindicando el carácter creativo de los actores.

Una buena metáfora para comprender el modo en que la teoría actor-red considera a los actores sería el de las marionetas, que lejos de actuar mecánicamente bajo las órdenes del titiritero, según ellos mismos cuentan pueden en ocasiones "hacerles hacer algo", interviniendo creativamente en el proceso. De la misma forma, muchos autores literarios afirman que mientras están escribiendo una novela pueden llegar a ser sus propios personajes los que se apoderen del argumento de la narración conduciéndoles a desarrollar los acontecimientos de una manera sorprendente y totalmente imprevista.

La cuestión de la acción social está íntimamente relacionada con otro de los problemas centrales de la teoría sociológica: las relaciones entre lo micro y lo macro. La práctica de los sociólogos de lo social ha consistido en un movimiento pendular de la interacción local al contexto global, alternando sucesivamente los enfoques estructuralistas e interaccionistas. El tratamiento habitual consiste en oscilar entre una descripción micro centrada en la interacción en la que el contexto influye o condiciona a los actores, y una descripción macro que descubre la estructura social reveladora de las dinámicas observadas, pero en la que resulta difícil encajar el grado de libertad del actor implicado. ¿Está el actor dentro de un sistema, o está el sistema hecho de actores que interactúan? La estrategia suele pasar por sortear este problema buscando una solución de compromiso (como la planteada por la teoría del habitus de Bourdieu, o la teoría de la estructuración de la sociedad de Giddens…). En contraposición con  estos planteamientos, la teoría actor-red propone considerar a la vez al actor y a la red en la que está inscrito, acabando con este movimiento pendular entre lo local y lo global. Para ello, el sociólogo de las asociaciones deberá esforzarse en seguir el rastro de las conexiones establecidas entre los actores, resaltando en el proceso la presencia crucial de los mediadores.

Intermediarios y mediadores, o cómo ir traduciendo la acción por el camino

La teoría actor-red no sólo rechaza la filosofía de la causalidad implícita en la sociología de lo social, sino que además ofrece un planteamiento alternativo. Para ello introduce en el análisis de los medios empleados para producir lo social una distinción fundamental entre intermediarios y mediadores. Un intermediario transporta su significado sin transformación: se trata de una caja negra que puede ser considerada como un elemento único, aunque esté hecho de muchas partes. Un mediador, por el contrario, transforma, traduce, distorsiona y modifica el significado de aquello que transporta, y su acción no puede ser descrita linealmente, puesto que puede llevarnos a distintas e imprevisibles direcciones.

Para la teoría actor-red explicar consiste en relacionar unas entidades con otras, trazando sus conexiones y siguiendo el rastro de los mediadores implicados en el proceso. En este sentido, la teoría actor-red niega la existencia de una Sociedad, concebida como un dominio específico de la realidad. Más concretamente, lo que se propone es ignorar la escisión de lo real en los reinos divergentes de la Naturaleza y de la Sociedad. Los sociólogos de lo social tienden a afirmar que la división entre Naturaleza y Sociedad está basada en la existencia de "hechos" incuestionables pertenecientes al ámbito de la Naturaleza, frente a la existencia de "fuerzas sociales" pertenecientes al ámbito de la Sociedad, sin advertir que estos "hechos" no son nada más que intermediarios en los que se ha perdido el rastro de las asociaciones que les dieron origen. El asunto cobra un aspecto completamente distinto si centramos nuestra atención no en los hechos, sino en las relevancias, que en lugar de intermediarios son mediadores constituidos por conglomerados de elementos en los que es posible seguir el rastro de las asociaciones que los han reunido. Las entidades, cuando están sujetas a controversia, se despliegan como múltiples y los "hechos" no son más que relevancias enmudecidas. Así, la teoría actor-red rechaza el intento de unificación de la Naturaleza mediante los "hechos" incuestionables, de la misma manera que rechaza la existencia de una "Sociedad" constituida por "fuerzas sociales".

Si se considera que lo social es una asociación y no un cierto tipo de sustancia "sui generis", resulta imprescindible explicar el modo en que estas asociaciones se estabilizan y perduran. Y lo que la sociología de las asociaciones muestra es que para que las asociaciones se estabilicen y perduren hace falta incluir en ellas agentes no humanos. De hecho, es muy habitual que la acción social pueda delegarse en distintos tipos de agentes capaces de hacer que otro haga algo. Desde este punto de vista es necesario ampliar el concepto de actor. Así, cualquier elemento que modifique un estado de cosas o que establezca una diferencia es un actor (o mejor, un actante). Pero esto no quiere decir que estos participantes "determinen" la acción, puesto que afirmar algo así equivaldría a convertir los objetos en causas cuyos efectos serían transportados por la acción humana. En cambio, la teoría actor-red afirma que hay todo un repertorio de matices para referirse al modo en que los actantes no humanos pueden intervenir: desde hacer posible la acción, a modificarla, permitirla, autorizarla, facilitarla, dificultarla, influenciarla…

Al conjunto de todas estas entidades reunidas que intervienen conjuntamente, la teoría actor-red las denomina colectivo. Esta noción de colectivo permite superar la distinción entre lo material y lo social, entre una Naturaleza hecha de objetos inertes y pasivos, y una Sociedad hecha de fuerzas sociales o de individuos intencionales y activos. Lo que la teoría actor-red propone es explorar las asociaciones que relacionan a los actantes siguiendo el proceso de establecimiento de lazos sociales que se hacen visibles sólo cuando se producen nuevas asociaciones. La tarea del investigador sería hacer hablar a los actantes para que nos cuenten qué es lo que están haciendo hacer a otros.  Esto requiere prestar una especial atención a determinadas situaciones en las que puede potenciarse la visibilidad de los mediadores, y en las que resulta más fácil explorar las asociaciones que ligan a los diferentes elementos de un colectivo. Algunas situaciones de este tipo son, por ejemplo, las que nos proporciona el estudio de innovaciones y controversias, tanto en ámbitos científico-técnicos como en los usos cotidianos. Otro caso es el análisis de situaciones en las que existe una distancia suficiente para revelar que aquellos elementos que suelen considerarse evidentes y aproblemáticos pueden convertirse en complejos mediadores cuando hay una importante separación temporal, espacial, etnográfica, arqueológica, cognitiva… Estas situaciones permiten poner de manifiesto la sorpresa, el choque y la contingencia de forma muy ilustrativa. También pueden estudiarse con detalle los accidentes, las catástrofes y las situaciones en las que los intermediarios silenciosos, que suelen comportarse como disciplinadas y eficaces cajas negras, se convierten en complejos e intratables mediadores. Un enfoque muy fructífero es el análisis histórico del desarrollo que dio origen a las máquinas, los dispositivos, las ideas o los procedimientos que usamos hoy. Y, por último, queda la posibilidad de considerar los ámbitos de la ficción, el arte y las fabulaciones como inmensos territorios en los que el sociólogo de las asociaciones puede encontrar multitud de sugerencias y revelaciones acerca del modo en que los diferentes actores pueden llegar a asociarse y a componer un complejo colectivo mediante sus interconexiones.

Lo local y lo global, o cómo ajustar el catalejo social

El objetivo central de la teoría actor-red consiste en trazar conexiones continuas que nos lleven de la interacción local a otros lugares, tiempos y agencias a través de los cuales lo local es llevado a hacer algo. Se trata de seguir el proceso de delegación o traslación, que es un camino continuo, resistiendo la tentación de saltar del ámbito de lo local al ámbito del contexto, como hace la sociología de lo social. Pero esto implica prestar gran atención al entorno en el que los efectos estructurales son elaborados. Que dichos efectos ciertamente se construyan en lugares y momentos localizados e identificables no quiere decir que sean un invento ni que sean irreales, sino que la estructura está relacionada, conectada y asociada con actos concretos de maneras específicas que la investigación debe revelar. Así, lo macro no se encuentra ni "sobre" ni "bajo" las interacciones, sino que está añadido a ellas como otra más de sus conexiones. El sociólogo de las asociaciones deberá por tanto esforzarse en localizar lo global, analizando el modo en que los efectos a gran escala son producidos localmente mediante los actores.

Los sociólogos de lo social han eliminado de la investigación el núcleo de las ciencias sociales, que es la producción misma del lugar, el tamaño y la escala. En lugar de establecer la escala como un parámetro previo a la investigación, la tarea del sociólogo de las asociaciones consistirá en seguir el rastro de los actores para encontrar el modo en que esta escala es producida como un resultado de las interrelaciones establecidas por el camino. La cuestión esencial estriba en que la escala de este marco (lo que podría llamarse el "zoom" social que cabe aplicar a cada caso) no venga impuesta por el sociólogo, sino que sea establecida por los propios actores.

Resituar lo global, remitiéndolo a las situaciones locales en las que se genera, es un paso importante y necesario, pero insuficiente. A continuación es preciso resituar también lo local, para lo cual debemos partir de la evidente presencia en toda interacción local de una gran diversidad de elementos que ya estaban en el lugar de la acción antes de que llegasen los actores. Es posible seguir el rastro que la mayor parte de estos ingredientes han ido dejando mediante el enrolamiento, la implicación y la multiplicación de actores no-humanos por el camino. Se trata de un proceso de dislocación y traducción en el que unos lugares resultan transportados a otros lugares mediante el uso de diversos medios de delegación que actúan como "localizadores" o "articuladores" de la acción. Lo que hemos llamado interacción local es la composición de todas las demás interacciones distribuidas a lo largo del tiempo y del espacio, y que han sido traídas a la escena mediante diversos actores no-humanos.

Un ejemplo del modo en que puede prescindirse de la dicotomía micro/macro lo proporciona la presencia de lugares desde los que se puede observar una parcela muy reducida, pero con gran penetración y profundidad. La potencia de estos lugares, a los que Latour denomina "oligópticos", depende de forma crucial de sus conexiones y asociaciones con todas las demás entidades con las que mantiene relación. Ejemplos de oligópticos son el puesto de mando desde el que se dirige un ejército en combate, o el despacho del editor de un periódico, desde el que se coordina el trabajo de toda la redacción…

Desde luego, no puede negarse que las ciencias sociales están llenas de ambiciosas descripciones de la totalidad que operan como grandes marcos de referencia. Pero estos montajes sólo funcionan cuando son proyectados en una situación local, cuando se dirigen a un público concreto y cuando son mantenidos mediante un juego constante de conexiones con otras entidades también locales. Latour llama "panoramas" a estas reconstrucciones que aparentemente lo ven todo, pero cuya fuerza reside por completo en las múltiples relaciones que las mantienen unidas a otras entidades. Ejemplos de panoramas son las grandes narrativas de la filosofía y de la sociología, las reconstrucciones históricas, las interpretaciones a gran escala de la evolución cultural…

La subjetividad del actor, o cómo descargarse el applet de la individualidad

Un aspecto esencial en el análisis de toda interacción es el modo en que los actores interpretan el escenario en el que están situados. El agente humano tiene que poner algo de su parte para que la acción sea ejecutada convenientemente. Los sociólogos de lo social suelen en este punto referirse a la "subjetividad" e "intencionalidad" del actor. Pero esta explicación nos devuelve a una escisión entre lo local (la interioridad del sujeto) y lo global (el contexto social) que estábamos tratando de sortear. Para prescindir de esta dicotomía, la teoría actor-red propone que las subjetividades, las justificaciones, los inconscientes y las personalidades son también entidades circulantes que funcionan mediante "individualizadores" o "plug-ins". Sólo tenemos un actor completo cuando lo componemos, dotándolo de varias capas sucesivas, cada una de las cuales es diferente de la siguiente. Un actor competente está integrado por "paquetes" o "applets" cuyo rastro puede seguirse buscando las trazas correspondientes.

Las situaciones a las que se enfrentan los actores están preparadas para que un actor genérico encaje en ellas. Pero para desarrollar la interacción de forma local y provisionalmente competente, el actor debe incorporar estos "plug-ins" circulantes para equiparse con todo lo necesario, incluyendo los elementos subjetivizadores que permiten construir el yo. La teoría actor-red propone seguir el rastro de los mediadores circulantes gracias a los cuales podemos alcanzar nuestra interioridad y convertirnos en individuos. Es precisamente la red de conexiones que ligan a un actor con otros actores lo que sustenta la individualidad del agente. De hecho, no es adecuado concebir al agente como fuente o punto de partida de la acción, sino que es más apropiado imaginarlo como un mediador capaz de hacer que otros hagan algo, Y hacer que otro haga algo no es lo mismo que causar o determinar, porque el aspecto clave del proceso es la traducción que tiene lugar y que disloca la acción, modificando tanto su contenido como su significado.

Recomponiendo lo social, o cómo enfrentarse al fin con la política

Entender la agencia como un proceso circulante nos lleva a indagar acerca del tipo de conectores que se emplean para transportarla. Las entidades circulantes pueden adoptar diferentes formatos, como documentos, informes, mapas, gráficos… Se trata de formas y de estándares que extienden localmente a todas partes un consenso mediante el flujo de documentos cuyo rastro es posible seguir. Así, las agencias se vuelven comparables y conmensurables. De hecho, el enorme poder de la sociología de lo social proviene del éxito con el que ha difundido estos estándares, en un proceso performativo que contribuye activamente a configurar ese mismo ámbito de lo social que está explicando. Pero si lo social consiste en la circulación de mediadores que conectan las diversas entidades relacionadas entre sí, ¿qué es lo que hay entre medias de esta malla?, ¿en qué consiste el espacio vacío que no está conectado por estos circuitos? De forma un tanto ambigua y sorprendente, Latour propone denominar "plasma" a esta inmensa extensión de lo que todavía no ha sido medido, formateado, socializado, movilizado, subjetivizado o insertado adecuadamente en una cadena metrológica.

Una vez que la sociología de las asociaciones ha desplegado las controversias relacionadas con el número y el tipo de participantes implicados en las composiciones, y una vez que ha seguido el modo en que los propios actores estabilizan estas incertidumbres elaborando formatos, estándares y metrologías, su tarea consistirá en estudiar el modo en que estas nuevas composiciones así reunidas configuran un conglomerado dentro del cual es preciso cohabitar con una multitud de entidades nuevas. Y este último propósito implica desarrollar una epistemología política completamente distinta a la propuesta por la sociología crítica. En este sentido, el sociólogo de las asociaciones debe ocuparse de una doble tarea, porque al mismo tiempo estará extendiendo el rango de entidades operativas en el mundo y transformando algunas de ellas en intermediarios fiables y estabilizados. Las ciencias sociales, igual que todas las demás disciplinas, se dedican a multiplicar las agencias y a disciplinar a algunas de ellas. En este sentido, todas las ciencias son también un proyecto político. Si la sociología quiere convertirse en la "ciencia sobre cómo vivir juntos en el mundo", no le bastará con describir las asociaciones existentes, sino que también deberá preocuparse por hacer posible y agradable la cohabitación en este conglomerado que está contribuyendo a reunir.

Las razones de la hormiga

Una lectura provechosa y detenida de este libro requiere, sin duda, su buena dosis de atención y de tiempo. No obstante, para el lector curioso y apresurado, existe un atajo muy recomendable para acercarse a las características fundamentales que definen la teoría actor-red. Su más clara, contundente y divertida exposición puede encontrarse resumida en el diálogo que aparece intercalado como un espléndido interludio en mitad de la obra. Se trata de la interesante y descorazonadora conversación que mantienen un maduro profesor que actúa como adalid de la teoría actor-red, y un joven estudiante de doctorado ansioso por descubrir el modo en que esta revolucionaria teoría puede ayudarle con su tesis a medio terminar.

Nada más comenzar su diálogo, el profesor expone claramente que la teoría actor-red no propone ningún contenido sustantivo acerca de la realidad, sino que lo que ofrece es un particular método de investigación. «ANT puede ser útil, pero sólo si no se "aplica" a "nada"… Es una teoría sobre cómo estudiar las cosas, o sobre cómo no hay que estudiarlas, o sobre cómo dejar espacio a los actores para expresarse por sí mismos. Otras teorías dicen cosas sustantivas acerca de los constituyentes de los que está hecho el mundo social. Esto puede funcionar cuando los ingredientes son conocidos y las cosas no cambian demasiado deprisa. Pero cuando los límites son borrosos y aparecen nuevos elementos, ANT puede ser mucho más útil.»

El énfasis sobre este carácter esencialmente metodológico de la teoría actor-red queda claro desde el comienzo del libro, cuando la obra es presentada como si fuese una "guía de viaje". Y como aviso para quienes puedan encontrar indignante semejante comparación, Latour se permite recordarles que "a dónde viajar" y "qué es lo que merece la pena ver allí" no es nada más que una forma de nombrar lo que habitualmente se denomina "método".

No obstante, algunas de las propuestas metodológicas implícitas en la teoría actor-red resultan bastante chocantes para quien se enfrente a ellas por primera vez. Y en este libro Latour no elude la presentación de ninguno de estos planteamientos controvertidos: la agencia atribuida a los no-humanos, la redefinición del "objetivismo" peligrosamente próxima al positivismo que tan duramente se han esforzado en combatir los enfoques relativistas de la sociología del conocimiento científico, la importancia otorgada a los actores y la preocupación constante por darles voz y por tomarse en serio sus razones, la particular concepción de lo político implícita en la teoría, la afirmación de que la máxima implicación a la que puede aspirar el autor consiste en "escribir un buen informe"…

Respecto a la dudosa etiqueta de "actor-red" elegida para nombrar a esta teoría, la mejor explicación aparece de nuevo en el diálogo del profesor con su estudiante. «Lo importante para ANT no es mostrar que nuestro objeto de estudio tiene "forma de red", sino trazar las asociaciones que conectan a los actantes involucrados en la situación siguiendo el rastro de sus desplazamientos y de sus traducciones.» En esta definición, el término "actor" designa a cualquier elemento capaz de hacer que otro haga algo, o, en otros términos, capaz de "establecer una diferencia". El término "red" se refiere a la cadena de traducciones y dislocaciones de la acción que relaciona a los diferentes actantes unidos por mediadores.

No cabe duda de que, sea cual sea la opinión que merezcan los planteamientos  de la teoría actor-red, este libro parece destinado a convertirse en una referencia fundamental en el futuro. Ahora que disponemos de una introducción tan sistemática, coherente y amena a esta teoría, sus principales propuestas han quedado finalmente expuestas con claridad. Ya sabemos que la teoría actor-red nos invita a seguir el rastro dejado por los actores, ciegos como insectos que recorren el camino trazado por las marcas de las asociaciones, dejando hablar a los actores, reafirmando paso a paso las profundas razones de la hormiga.

El Blog

Calendario

<<   Diciembre 2005  >>
LMMiJVSD
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31  

Categorías

Sindicación

Enlaces

Alojado en
ZoomBlog