Enero del 2006

EL PODER IMPLÍCITO EN EL DISCURSO EXPERTO

Por doubty - 21 de Enero, 2006, 15:48, Categoría: dudas sociológicas

Aproximación al estudio de las relaciones entre saber y poder en el pensamiento de Michel Foucault y su posible extensión al análisis del discurso experto en los Estudios Sociales de Ciencia y Tecnología.

1. SABER Y PODER EN EL PENSAMIENTO DE MICHEL FOUCAULT

A lo largo de toda su obra, desde la "Historia de la locura en la época clásica" hasta su "Historia de la sexualidad", Michel Foucault siempre mostró un particular interés por analizar los discursos que desarrollan modos específicos de "decir la verdad" y que de este modo pretenden fundamentar el ejercicio de prácticas de poder y disciplina. Los métodos arqueológico y genealógico, así como el estudio de la psiquiatría, la medicina, las prisiones o la sexualidad pueden, en cierto modo, interpretarse como diferentes aproximaciones al tema de las relaciones entre saber y poder, y al estudio de sus efectos en el ámbito de las prácticas y las instituciones.

Es preciso, sin embargo, aclarar algunas cuestiones previas acerca del sentido que otorgamos al término "poder", puesto que para Foucault éste no es una sustancia o una fuerza detentada por el poderoso y ejercida de forma unidireccional y absoluta. En sus diversas aproximaciones al término, Foucault desarrolla una concepción del poder como relación circulante y distribuida, inscrita en las prácticas y en los cuerpos, interiorizada de forma silenciosa y discreta mediante diversos dispositivos y tecnologías incorporadas progresivamente en la constitución del sujeto. Por eso sería, tal vez, más adecuado hablar de los "micropoderes" que del "Poder" con mayúsculas. En el curso que imparte el 14 de enero de 1976 en el Collège de France, Foucault lo expresa con claridad: "El poder tiene que ser analizado como algo que circula, o más bien, como algo que no funciona sino en cadena. No está nunca localizado aquí o allí, no está nunca en las manos de algunos, no es un atributo como la riqueza o un bien. El poder funciona, se ejercita a través de una organización reticular. (…) En la práctica lo que hace que un cuerpo, unos gestos, unos discursos, unos deseos sean identificados y constituidos como individuos, es en sí mismo uno de los primeros efectos del poder. (…) El poder circula a través de individuo que ha constituido"[1]

Una segunda precisión acerca del significado con el que Foucault emplea el concepto del poder tiene que ver con la dimensión y el sentido en que opera. Pese a que la mayor parte de los estudios acerca del poder hacen hincapié en la represión que ejerce, la opresión a la que somete a los dominados y la negación que implanta en forma de prohibiciones y reglamentaciones, Foucault pretende ir un paso más allá, y analizar cómo el poder también tiene un lado creador, permitiendo abrir un escenario de posibilidades antes impensables, y estableciendo unas nuevas reglas del juego. Se trata, por tanto, de estudiar lo que el poder tiene de positividad más que recalcar el modo en que ejerce la represión o las prohibiciones. Pero ¿en qué consisten estas positividades? En palabras de Foucault:  "Analizar positividades es mostrar de acuerdo con qué reglas una práctica discursiva puede formar grupos de objetos, conjuntos de enunciaciones, juegos de conceptos, series de elecciones teóricas. Los elementos así formados (…) son aquello a partir de lo cual se construyen proposiciones coherentes (o no), se desarrollan descripciones más o menos exactas, se efectúan verificaciones, se despliegan teorías. Forman lo previo de lo que se revelará y funcionará como un conocimiento o una ilusión".[2]

Lo fundamental en este punto es percatarse de que el despliegue de la positividad asociada al ejercicio del poder está inextricablemente unido al discurso de la verdad que le sirve de fundamento legítimo. El discurso del saber (que es siempre un discurso de la verdad, o  que se pretende verdadero), sustenta relaciones distribuidas de poder y sometimientos incorporados y circulantes. Adviértase que el poder al que Foucault se refiere no está, por tanto, basado en el derecho (ni en el imperio de la ley, ni en el predominio del soberano, ni en el acatamiento general de una norma), sino que se ejerce mediante una serie de técnicas y de dispositivos difusos, circulantes e incorporados. Se trata, por tanto, de un poder esencialmente ligado a los saberes que fundamentan el diseño y la extensión de dichas tecnologías. Se trata, sin duda, de unos saberes específicos que nacen de la voluntad de dominio, encargados de constituir los objetos de los que se ocupan para luego clasificarlos, disciplinarlos y hacerlos posibles tal y como su discurso de la verdad los describe y explica.

Foucault prestará especial atención a estos "efectos de verdad" del discurso científico y de su retórica, que tienen su origen en la estrecha relación que liga al saber y al poder en su positividad. Lo vemos claramente establecido en las primeras páginas de "Vigilar y Castigar": "Hay que admitir más bien que el poder produce saber (y no simplemente favoreciéndolo porque lo sirva o aplicándolo porque sea útil); que poder y saber se implican directamente el uno al otro; que no existe relación de poder sin constitución correlativa de un campo de saber, ni de saber que no suponga y no constituya al mismo tiempo unas relaciones de poder"[3] Del mismo modo, cuando es entrevistado por la revista "Quel Corps" Foucault declara que "(…) si el poder no tuviese por función más que reprimir, si no trabajase más que según el modo de la censura, de la exclusión, de los obstáculos, de la represión, a la manera de un gran superego, si no se ejerciese más que de una forma negativa, sería muy frágil. Si es fuerte, es debido a que produce efectos positivos a nivel del deseo – esto comienza a saberse – y también a nivel del saber. El poder, lejos de estorbar el saber, lo produce."[4] En el mismo sentido, leemos en "Verdad y poder: "(…) el problema no está en hacer la partición entre lo que, en un discurso, evidencia la cientificidad y la verdad y lo que evidencia otra cosa, sino ver históricamente cómo se producen efectos de verdad en el interior de los discursos que no son en sí mismos ni verdaderos ni falsos.(…) Lo que hace que el poder agarre, que se le acepte, es simplemente que no pesa solamente como una fuerza que dice no, sino que de hecho la atraviesa, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; es preciso considerarlo como una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social más que como una instancia negativa que tiene como función reprimir."[5] Y algunas páginas más adelante: "Lo importante, creo, es que la verdad no está fuera del poder, ni sin poder (no es, a pesar de un mito, del que sería preciso reconstruir la historia y las funciones, la recompensa de los espíritus libres, el hijo de largas soledades, el privilegio de aquellos que han sabido emanciparse). La verdad es de este mundo; está producida aquí gracias a múltiples imposiciones. Tiene aquí efectos reglamentados de poder. Cada sociedad tiene su régimen de verdad, su «política general de la verdad»: es decir, los tipos de discursos que ella acoge y hace funcionar como verdaderos; los mecanismos y las instancias que permiten distinguir los enunciados verdaderos o falsos, la manera de sancionar unos y otros; las técnicas y los procedimientos que son valorizados para la obtención de la verdad; el estatuto de aquellos encargados de decir qué es lo que funciona como verdadero."[6]

Un ejemplo muy claro del modo en que Foucault concibe las relaciones de poder en estos términos nos lo proporciona un célebre pasaje del curso dictado el 7 de enero de 1976 en el Collège de France. En este fragmento Foucault presenta las limitaciones que, en su opinión, están asociadas a un análisis del poder en términos estrictamente economicistas (como una fuerza sobredeterminada por lo económico, o como una sustancia que, al igual que la mercancía, podría poseerse, cederse, alienarse o recuperarse). En contraposición con este modelo, Foucault señala que "(…) la apropiación y el poder no se dan, no se cambian ni se retoman, sino que se ejercitan, no existen más que en acto (…) el poder no es principalmente mantenimiento ni reproducción de las relaciones económicas, sino ante todo una relación de fuerza." Pero si el poder es, efectivamente, una relación de fuerza "más que analizarlo en términos de cesión, contrato, alienación o en términos funcionales del mantenimiento de las relaciones de producción, ¿no debería ser analizado en términos de lucha, de enfrentamientos, de guerra? Se estaría así en oposición con la primera hipótesis, según la cual la mecánica del poder es esencialmente represión. Y podría formularse una segunda hipótesis: el poder es la guerra, la guerra ejercida con otros medios (…)"[7]

El estudio de estos enfrentamientos requiere de una metodología específica capaz de ir más allá del nivel arqueológico de la investigación. Este es el sentido del recurso a la genealogía, interpretada como un "redescubrimiento conjunto de la lucha y la memoria directa de los enfrentamientos". En palabras de Foucault "Llamamos genealogía al acoplamiento de los conocimientos eruditos y de las memorias locales que permite la constitución de un saber histórico de la lucha y la utilización de ese saber en las tácticas actuales". Y un poco más adelante, nos dice que "la genealogía debe dirigir la lucha contra los efectos de poder de un discurso considerado científico"[8]

Esta genealogía se opone abiertamente a la reconstrucción histórica realizada habitualmente, lo que Foucault denomina la historia de los historiadores. "Esta historia de los historiadores se procura un punto de apoyo fuera del tiempo; pretende juzgarlo todo según una objetividad de Apocalipsis; porque ha supuesto una verdad eterna, un alma que no muere, una conciencia siempre idéntica a sí misma."[9] Y en el ámbito científico no han faltado estos intentos de reconstrucción ideal, como leemos en la arqueología del Saber: "Si no se reconoce en la ciencia más que la acumulación lineal de las verdades o la ortogénesis de la razón, si no se reconoce en ella una práctica discursiva que tiene sus niveles, sus umbrales, sus rupturas diversas, no se puede describir más que una sola división histórica cuyo modelo se reconduce sin cesar a lo largo de los tiempos, y para cualquier forma de saber: la división entre lo que no es todavía científico y lo que lo es definitivamente"[10]

 Este análisis de los efectos de verdad del discurso científico, al que Foucault dedica numerosas páginas, debe sin embargo distinguirse de otro tipo de aproximaciones con las que a veces puede llegar a confundirse. En los textos de Foucault lo que se problematiza y estudia no es la dicotomía que separa a la ciencia de la ideología, sino que el centro de atención es la relación entre verdad y poder, así como las técnicas disciplinarias y los dispositivos de sometimiento que esta relación permite extender y difundir. De hecho, el discurso de la verdad es el resultado de una lucha; la palabra verdadera es la que pronuncian los que han (provisionalmente) vencido. En este sentido, Foucault se proclama heredero de Nietzsche, cuyos planteamientos  (en "Sobre verdad y mentira en sentido extramoral" por ejemplo) también plantean una severa crítica al "modelo platónico" que tácitamente sustenta el discurso científico, presentado como el discurso universal y necesario de la Verdad.

Objetivo básico de este combate antiesencialista será mostrar el modo en que los objetos que las ciencias consideran como naturales y preexistentes son, de hecho, efectos de prácticas objetivadoras y resultado de luchas de poder previas que los han hecho finalmente posibles. Por eso, para Foucault (como antes para Nietzsche), desenmascarar el discurso totalitario del Logos y sus efectos de dominación y sometimiento se convertirá en una tarea irrenunciable. Y para llevar a cabo este proyecto de desvelamiento, que es al mismo tiempo un proyecto de denuncia, Foucault se propone desentrañar el mecanismo íntimo que regula la producción de los discursos que se pretenden verdaderos.  En "El orden del discurso", Foucault plantea la existencia de tres haces de procedimientos destinados a controlar la producción de los discursos en nuestra sociedad: la prohibición (sexualidad, política…), la oposición entre razón y locura, y finalmente la oposición entre lo verdadero y lo falso.

Separación, según Foucault, históricamente constituida cuyo rastro puede seguirse hasta la Grecia clásica, y especialmente hasta Platón: "llegó un día en que la verdad se desplazó del acto ritualizado, eficaz y justo, de enunciación, hacia el enunciado mismo: hacia su sentido, su forma, su objeto, su referencia." Esta, nuestra voluntad de verdad, "como los otros sistemas de exclusión, se apoya en un soporte institucional (…) es reconducida también (…) por la forma que tiene el saber de ponerse en práctica en una sociedad en la que es valorizado, distribuido, repartido y en cierta forma atribuido. (…) Finalmente, creo que esta voluntad de verdad basada en un soporte y una distribución institucional, tiende a ejercer sobre los otros discursos (hablo siempre de nuestra sociedad- una especie de presión y como un poder de coacción. (…) como si la palabra misma de la ley no pudiese estar autorizada en nuestra sociedad, más que por un discurso de verdad."[11] Además, este discurso de la verdad está sujeto a diversos procedimientos de control: el comentario, el peso del autor, el establecimiento de barreras de acceso para impedir el desciframiento, y la adecuación social del discurso.

Entonces ¿cuál es la pregunta? Foucault la enuncia muy claramente en su curso del 14 de enero de 1976 en el Collège de France. "Mi problema sería más bien éste: ¿qué reglas de derecho ponen en marcha las relaciones de poder para producir discursos de verdad?, o bien, ¿qué tipo de poder es susceptible de producir discursos de verdad que están, en una sociedad como la nuestra, dotados de efectos tan poderosos? Quiero decir esto: en una sociedad como la nuestra, pero en el fondo en cualquier sociedad, relaciones de poder múltiples atraviesan, caracterizan, constituyen el cuerpo social; y estas relaciones de poder no pueden disociarse, ni establecerse, ni funcionar sin una producción, una acumulación, una circulación, un funcionamiento del discurso. No hay ejercicio de poder posible sin una cierta economía de los discursos de la verdad que funcionen en, y a partir de esta pareja. Estamos sometidos a la producción de la verdad desde el poder, y no podemos ejercitar el poder más que a través de la producción de la verdad."[12]

Porque no hay que perder de vista que este es un poder ejercido, fundamentalmente, a través del dictamen y la intervención de los expertos, y mediante el desarrollo de las instituciones y la extensión de las tecnologías disciplinarias. Vemos, así, consolidarse las figuras del psiquiatra, del médico, del juez (pero  también del arquitecto, del urbanista, del ingeniero…) únicos portavoces legítimos del saber constituido, únicos representantes del conocimiento válido autorizados para ejercer sus prácticas y para intervenir en nombre del saber/poder que sólo ellos tienen derecho a ejercitar.

Foucault mismo enuncia el problema de la legitimidad de la voz experta cuando, en la Arqueología del Saber, se pregunta por la formación de las modalidades enunciativas: "Primera pregunta: ¿Quién habla? ¿Quién, en el conjunto de todos los individuos parlantes, tiene derecho a emplear esta clase de lenguaje? ¿Quién es su titular? ¿Quién recibe de él su singularidad, sus prestigios, y de quién, en retorno, recibe ya que no su garantía al menos su presunción de verdad? ¿Cuál es el estatuto de los individuos que tienen – y sólo ellos – el derecho reglamentario o tradicional, jurídicamente definido o espontáneamente aceptado, de pronunciar semejante discurso?"[13]


2. EL ANÁLISIS DEL DISCURSO EXPERTO EN LOS ESTUDIOS SOCIALES DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA

El brillante y descarnado análisis que realiza Foucault de las relaciones entre el saber, el poder y el papel de los expertos como sus legítimos depositarios nos plantea la interesante cuestión de su posible extensión al campo de los Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología. Y, asimismo, nos invita a reflexionar acerca de la posibilidad de sobrepasar esta crítica para emprender la tarea de imaginar un escenario alternativo.

El intento de emprender un análisis crítico del binomio saber/poder (o, lo que viene a ser lo mismo, del acoplamiento entre ciencia y hegemonía del discurso experto en nuestra sociedad actual) pasa, sin duda, por localizar esas minúsculas grietas que en ocasiones aparecen sobre la superficie de este edificio aparentemente homogéneo y monolítico del saber constituido, para después agrandarlas y anidar en ellas. Y, si leemos con atención, es posible que el mismo Foucault pueda darnos la pista del sitio por el que podemos comenzar a trabajar. En su curso del 7 de enero de 1976 en el Collège de France, Foucault comenta el trabajo que ha venido desarrollando en los años anteriores, así como el carácter de la crítica a que ha sometido a las instituciones, las prácticas y los discursos. Señala,  en primer lugar, el carácter local de la crítica, y en segundo lugar comenta que "esta crítica local se ha realizado, me parece, a través de lo que podríamos llamar los «retornos del saber» (…) en el fondo de esta temática, a través de ella, hemos visto producirse lo que podría llamarse la insurrección de los saberes sometidos. Y por saberes sometidos entiendo dos cosas: por una parte quiero designar los contenidos históricos que han estado sepultados, enmascarados en el interior de coherencias funcionales o en sistematizaciones formales. (…) En segundo lugar, por saberes sometidos, pienso que debe entenderse también otra cosa, y en cierto sentido, una cosa diferente: toda una serie de saberes calificados como incompetentes o insuficientemente elaborados: saberes ingenuos, inferiores jerárquicamente al nivel del conocimiento o de la cientificidad exigida. (…) saberes que llamaré de la gente, que no han constituido un saber común, un buen sentido, sino por el contrario, un saber específico, local, regional."[14]

Así pues, Foucault parece ofrecernos en este pasaje dos líneas de investigación que prometen rendir abundantes frutos: por un lado, se trataría de hacer una arqueología de los saberes "cultos" que han quedado arrinconados por la historia y olvidados en los archivos; por otro lado, la tarea consistiría en analizar todos aquellos saberes "vulgares" que el discurso experto desprecia y suprime. En ambos casos, de lo que se trata es de hacer emerger positividades alternativas a la del saber constituido, explorar posibilidades distintas a las que damos por supuestas, recorrer caminos que quedaron cerrados en el pasado o que transitan por rutas periféricas y marginales.

En definitiva, lo que pretende esta vía de análisis es evidenciar la contingencia de los saberes tenidos por universales, necesarios y verdaderos, y afirmar contra esta visión recibida que el conocimiento tenido por legítimo y verdadero no es más que un saber local entre otros saberes locales, pero que ha tenido un éxito singular en la extensión y difusión de sus planteamientos. Y, por otra parte, a lo que se aspira es a cuestionar la hegemonía del discurso experto, interpretado como un saber que se presenta como objetivo, indiscutible y libre de valores, y que pretende convertirse en fundamento de un programa de acciones prácticas concretas, frecuentemente en abierto conflicto con las prácticas tradicionales y locales y con los saberes, también locales, que las sustentan.

La primera línea de trabajo que parece emerger de este planteamiento, recogiendo y extendiendo el análisis que Foucault realiza en sus textos, se centra en la realización de estudios históricos sobre la ciencia y la técnica de otros pueblos y de otros tiempos. Semejantes estudios, cuando han sido llevados a cabo[15], muestran la validez local y situada de los saberes que hoy el discurso oficial toma como erróneos o primitivos, y revelan el funcionamiento de sistemas de saberes y de poderes alternativos a los nuestros, que emergen de estructuras epistémicas radicalmente distintas a las nuestras (con las que posiblemente sean inconmensurables).

Desde una segunda línea de trabajo, también resultan relevantes en este sentido los análisis de las diversas controversias a que ha estado sometido el desarrollo científico y técnico[16], y que ponen de manifiesto los múltiples estudios históricos llevados a cabo hasta la fecha. Del abundante corpus literario a que han dado lugar estos estudios emerge la idea de que el cierre de las controversias no se debe nunca a la racionalidad o a la autoevidencia de los argumentos "válidos", sino que implica una negociación y una lucha de la que emerge finalmente (o no) una versión "oficial" de la verdad establecida.

Una tercera línea que ha sido explorada con gran éxito es la  etnografía de la actividad científica y técnica[17]. La idea consiste en volver al lugar en el que se producen los saberes y mostrar cómo se genera, cómo se consolida y cómo se reformula el conocimiento para presentarlo posteriormente como válido y legítimo al resto de la comunidad científica. En todos los estudios de laboratorio se aprecia, sin embargo, que lo que se presenta públicamente como una investigación rigurosa, racional y metódica, resulta ser en su desarrollo un conjunto de prácticas desordenadas, locales y contingentes sobre las cuales los investigadores tratan desesperadamente de poner orden.

Otro posible ámbito de investigación consistiría en rastrear las redes disciplinarias que inscriben en nuestras prácticas el saber constituido y sus relaciones de poder implícitas. En el estudio de estas redes habría que incluir el análisis de instituciones como el manicomio, el hospital  o la prisión, tarea ésta brillantemente realizada por Foucault. Asimismo, cabría emprender un estudio en similares términos de la escuela, la fábrica o la oficina, redes institucionales omnipresentes, pero también de las redes de transporte, energía y comunicaciones, ubicuas redes técnicas dentro de las cuales vivimos. Estas redes funcionan extendiendo y universalizando las condiciones de validez de nuestros saberes y de nuestras prácticas. Lo que se ha vuelto universal y válido en todas partes no es nuestro saber presuntamente verdadero (la ciencia y su correlato, el discurso experto), sino más bien toda esta red de instituciones, técnicas y sometimientos incorporados como tecnologías silenciosas, cuya extensión y eficacia es sin duda consecuencia (y no causa) de luchas y de imposiciones que por lo general no han triunfado sin encontrar resistencia.

Una quinta línea de trabajo se centraría en el estudio de la retórica de la ciencia, para analizar el modo en que los "efectos de verdad" que Foucault atribuye al discurso científico son consecuencia, entre otras cosas, de una elaborada técnica de elocución y elaboración de los enunciados[18]. Los diversos estudios realizados en este sentido han revelado la utilización de un amplio repertorio de técnicas retóricas cuyo propósito es dotar de credibilidad al discurso científico. Entre las más significativas, pueden destacarse la eliminación del sujeto y de las modalizaciones, el recurso a los instrumentos de inscripción, las tablas y los gráficos, y el uso de formas verbales impersonales y pasivas. El efecto global es la creación de la objetividad mediante un discurso en el que la Naturaleza aparentemente habla por sí misma mostrando la realidad "tal cual es".

Un sexto planteamiento de trabajo consistiría en emprender un análisis crítico de la tecnología concebida como la materialización de relaciones de poder y asociaciones previamente establecidas con éxito[19]. Desde este punto de vista, los aparatos y las infraestructuras que nos rodean (pero también muchas de nuestras prácticas cotidianas, como ya señaló Foucault), serían el resultado provisionalmente estabilizado y perdurable de conflictos y enfrentamientos anteriores, objetivizados en forma de "cajas negras".[20] En este sentido, la agencia es el complejo resultado de un proceso más que un atributo de los actores. Asimismo, tanto los objetos como los sujetos (y aquí de nuevo es palpable la influencia de Foucault[21]) serían construcciones constituidas por la superposición de diversas y complejas capas sedimentadas unas sobre las otras. La ilusión de materialidad inerte (en el caso de los objetos) o de subjetividad y agencia (en el caso de los sujetos) no sería más que la consecuencia de las dificultades a las que hay que enfrentarse cuando queremos "abrir las cajas negras".

Y, como séptima y última línea de investigación, podría señalarse que los efectos del binomio saber/poder, pese a su potencia y a su penetración casi total, nunca se extienden ni se imponen sin resistencia. El estudio concreto de las diversas formas de resistencia permitiría, por ejemplo, mostrar de forma palpable el repertorio de técnicas y de estrategias de las que se sirve el conocimiento experto para imponer su predominio y su disciplina sobre las prácticas locales y tradicionales. Igualmente, permitiría comprobar cuál es la táctica defensiva con la que el conocimiento vernáculo se atrinchera ante el arrollador avance de la institucionalización y reglamentación oficiales[22].


3. CONCLUSIÓN

En cierto sentido, podría decirse que todo el pensamiento de Foucault consiste en una apasionada y apasionante exploración de los límites de la razón occidental, de lo que está más allá de lo que la razón puede abarcar, comprender y decir. Esta perspectiva nos permite comprender algunos de los textos más relevantes de Foucault sobre la locura como espacio de la sinrazón y del radicalmente Otro, sobre cierta literatura en la que fulge el lenguaje libre y desatado como creación pura, sobre la sexualidad como complejo lugar de construcción de la identidad. Pero esta aproximación al pensamiento de Foucault también nos permite interpretar sus críticas a lo que, desde este lado de la razón, revela cuán pretencioso e insostenible resulta el planteamiento totalitario (eminentemente platónico, pero también ilustrado y profundamente incardinado en la razón científica de nuestro tiempo) de un Logos omnisciente, universal y eterno.

La cuestión central, por lo tanto, mantiene toda su vigencia. ¿Por qué sigue teniendo sentido hoy en día la aparentemente insensata tarea  de poner a la verdad – a esta forma de entender y ejercer la verdad – contra las cuerdas? Porque, apoyándose en la legitimidad de su carácter verdadero (tan  verdadero que, literalmente, no cabe pensar en ninguna otra posibilidad), la verdad fundamenta unas prácticas disciplinarias y de dominación ejercidas bajo la cobertura del conocimiento certificado, y extendidas mediante un ejército de expertos y de instituciones de sometimiento.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

§                      Collins, H.M. (1985): "Changing Order". Sage. Londres.

§                      Dickson, David (1974): "Alternative Technology and the Politics of Technical Change". Fontana. Londres.

§                      Foucault, Michel (1971a): "Nietzsche, la genealogía, la historia" En "Microfísica del Poder". Madrid. Ediciones La Piqueta.

§                      Foucault, Michel (1971b): "El orden del discurso" (reeditado en castellano por Tusquets Editores en 1999)

§                      Foucault, Michel (1975): "Poder-Cuerpo" En "Microfísica del Poder". Madrid. Ediciones La Piqueta.

§                      Foucault, Michel (1976a): "Curso del 7 de enero de 1976" En "Microfísica del Poder". Madrid. Ediciones La Piqueta.

§                      Foucault, Michel (1976b): "Curso del 14 de enero de 1976" En "Microfísica del Poder". Madrid. Ediciones La Piqueta.

§                      Foucault, Michel (1977): "Verdad y poder" En "Microfísica del Poder". Madrid. Ediciones La Piqueta.

§                      Foucault, Michel (2000): "Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión". Madrid, Siglo XXI editores, 2000 (Primera edición en francés de 1975)

§                      Foucault, Michel (2003): "La arqueología del saber". Madrid, Siglo XXI editores. (Primera edición en francés de 1969

§                      Gilbert, G.N. y Mulkay, M. (1984): "Opening Pandora"s box: A sociological análisis of scientists" discourse". Cambridge, CUP.

§                      Illich, Ivan (1980): "Shadow Work".  University of Cape Town. Cape Town.

§                      Jasanoff, Sheila et. al (ed.) (1994): "Handbook of Science and Technology Studies".  SAGE. Londres.

§                      Knorr-Cetina, Karin (1981): "The manufacture of knowledge". Oxford. Pergamon Press.

§                      Latour, Bruno (1998): "La tecnología es la sociedad hecha para que dure", en Doménech y Tirado (eds.) "Sociología simétrica", Barcelona. Gedisa.

§                      Latour, Bruno (2005): "Reassembling the Social". Oxford. OUP.

§                      Latour, Bruno y Woolgar, Steve (1995): "La vida en el laboratorio. La construcción de los hechos científicos". Madrid, Alianza Editorial (Primera edición en inglés de 1979)

§                      Lizcano, Emmánuel (1993): "Imaginario colectivo y creación matemática". Barcelona, Gedisa

§                      Winner, Langdon (1987): "La ballena y el reactor". Barcelona, Gedisa (Primera edición en inglés de 1986)

§                      Woolgar, Steve Ediciones (1988): "Knowledge and Reflexivity. New frontiers in the Sociology of Knowledge". Sage. Londres.

 



[1] Foucault (1976a), Pág.. 144

[2] Foucault (2003), Pág.. 305

[3] Foucault (2000), Pág.. 34

[4] Foucault (1975), Pág.. 107

[5] Foucault (1977), Pág.. 182

[6] Foucault (1977), Pág.. 187

[7] Foucault (1976b), Pág.. 135

[8] Foucault (1976a), Pág. 130

[9] Foucault (1971a), Pág.. 8-19

[10]  Foucault (2000), Pág. 317

[11] Foucault (1971b)

[12] Foucault (1976b), Pág.. 140

[13] Foucault (2000), Pág.. 82

[14] Foucault (1976a), Pág.. 18-19

[15] Véase, por ejemplo, el magnífico estudio sobre la matemática china y la matemática griega realizado por Emmánuel Lizcano (1993) en el que el autor analiza brillantemente la inconmensurabilidad de los sustratos epistémicos (o "imaginarios colectivos" en términos de Castoriadis) de los que emergen ambas concepciones de la matemática.  Para una presentación de la ciencia occidental "oficial" como un saber local más, véase H. Watson-Verran & D. Turnbull: "Science and Other Indigenous Knowledge Systems", en Jasanoff, Sheila et. al. (1994)

[16] De entre los diversos estudios llevados a cabo en esta línea, cabe destacar especialmente los realizados dentro del marco teórico del Programa Empírico del Relativismo (EPOR), y muy singularmente el texto de H. M. Collins (1985)

[17] Entre los distintos estudios etnográficos de laboratorio, destacan por su importancia las monografías de Latour y Woolgar (1979/1995) y de Knorr-Cetina (1981)

[18] Algunos ejemplos de análisis del discurso científico están en Latour y Woolgar (1979/1995), en Gilbert y Mulkay (1984), o en Woolgar (1988)

[19] Un magnífico análisis del contenido expresamente político de la actividad tecnológica está ampliamente desarrollado en Winner (1986/1987) Para el planteamiento de alternativas viables, véase Dickson (1974)

[20] Véanse especialmente Latour (1998) y Latour (2005)

[21] Foucault dedicó muchas Pág..inas a fundamentar una crítica del sujeto trascendente y autónomo y del concepto de hombre como objeto del saber de las "ciencias humanas". Tal vez aquí  tendría sentido extender esta crítica al concepto mismo de "objeto", y, más allá, a la idea de Naturaleza, considerada el fundamento indiscutible y aproblemático de las "ciencias duras".

[22] Ivan Illich (1980) ha realizado un detenido análisis de las amenazas a las que se enfrentan los saberes vernáculos en su lucha contra la extensión del conocimiento experto.

Mis hormigueantes lecturas

Por doubty - 13 de Enero, 2006, 16:49, Categoría: dudas sociológicas

Aquí está mi heteróclito conjunto de lecturas, por orden alfabético-cronológico. Lo he extraído de la lista que tiene John Law en su página Web, añadiendo cosillas de mi propia cosecha.

 http://www.lancs.ac.uk/fss/sociology/css/antres/ant-a.htm#569

Callon, M. (1986). Some Elements of a Sociology of Translation: Domestication of the Scallops and the Fishermen of Saint Brieuc Bay. In J. Law (Ed.) Power, Action and Belief: a new Sociology of Knowledge? Sociological Review Monograph. London, Routledge and Kegan Paul. 32: 196-233.
One of the most discussed papers in actor-network theory. This presses 'symmetry' between different entities including fishermen, various technologies, and scallops. Much commented on, much criticised

Callon, M. (1987). Society in the Making: the Study of Technology as a Tool for Sociological Analysis. In W. E. Bijker, T. P. Hughes and T. J. Pinch (Eds.) The Social Construction of Technical Systems: New Directions in the Sociology and History of Technology. Cambridgge, Mass. and London, MIT Press: 83-103.
A further, more developed, analysis of the case of the véhicule électrique. In this the notion of the 'engineer sociologist' is developed: the notion that engineers are engaged in analysing and ordering social relations.

Latour, B. (1983). Give Me a Laboratory and I will Raise the World. In K. D. Knorr-Cetina and M. J. Mulkay (Eds.) Science Observed. Beverly Hills, Sage.
An important pre-cursor paper in which it is argued that large scale 'macro' phenomena are not different in kind from small scale 'micro' phenomena, and should be analysed in the same terms. Hence an attack on the 'macro'-'micro' distinction in social theory.

Latour, B. (1986). The Powers of Association. In J. Law (Ed.) Power, Action and Belief: a New Sociology of Knowledge?. London, Boston and Henley, Routledge and Kegan Paul. 32: 264-280.
Develops a translation model of power, in which it is argued that power is an performative effect, a product of associating entities together, rather than something which is possessed by actors.

Latour, B. (1987). Science in Action: How to Follow Scientists and Engineers Through Society. Milton Keynes, Open University Press.
The only ANT textbook? - though the extent to which Latour uses the notion of 'actor-network' is limited. Nevertheless, an important account of the method, in particular in its application to science and technology.

Latour, B. (1989). Pasteur y Pouchet. Heterogénesis de la historia de las ciencias, y Joliot: punto de encuentro de la historia y de la física, en Historia de las Ciencias (ed. por Michel Serres) . Paris, Bordas (traducción española en Cátedra, 1998)

Latour, B. (1991). Technology is Society Made Durable. In J. Law (Ed.) A Sociology of Monsters? Essays on Power, Technology and Domination, Sociological Review Monograph. London, Routledge. 38: 103-131.
How is society sustained if networks are precarious? The answer lies in the different durability of different materials. Technologies embody social relations: they may be understood as translations of those relations into different material forms.

Latour, B. (1993). Ethnography of a 'high-tech' case: About Aramis. In P. Lemonnier (Ed.) Technological Choices: Transformation in Material Cultures Since the Neolithic. London, Routledge: 372-398.
A summary of the main theoretical arguments of the ARAMIS case study - in some ways more focused than the book, especially on the construction of the concepts of truth, efficieny and productivity in modern science and technology.

Latour, B. (1993). We Have Never Been Modern. Brighton, Harvester Wheatsheaf.
Modernity claims to be clear and pure, to distinguish with clarity between the human and the non-human, while in reality it is full of hybrids, quasi-human, quasi-non-human. This is the secret of its remarkable dynamism: that in practice it generates hybrids in profusion, while insisting that there is really a fundamental distinction between human and non-human.

Latour, B. (1999). La esperanza de Pandora  Barcelona. Gedisa.

Latour, B. (2005). Reassembling the Social. Oxford, OUP

Latour, B. and S. Woolgar (1979). Laboratory Life: the Social Construction of Scientific Facts. Beverly Hills and London, Sage.
The first major study of the building of facts in a laboratory in any theoretical tradition, and a landmark book in the sociology of science. Written before the term 'actor-network' was invented, and drawing on a range of resources including semiotics and ethnomethodology, it nonetheless catches important ANT moves, for instance in its account of the ways in which facts move through modalities as they gather allies to become more and more solid - and less and less attached to the contingencies which generated them in the first place.

Law, J. (1986). On the Methods of Long Distance Control: Vessels, Navigation and the Portuguese Route to India. In J. Law (Ed.) Power, Action and Belief: a new Sociology of Knowledge? Sociological Review Monograph. London, Routledge and Kegan Paul. 32: 234-263.
An account of the precarious networks of global domination as these were elaborated by the Portuguese in the 15th and 16th centuries. Draws on and exemplifies Bruno Latour's notion of 'immutable mobile', by examining maritime and navigational technologies

La hormiga roja en Barrio Sésamo

Por doubty - 12 de Enero, 2006, 20:28, Categoría: dudas sociológicas

La hormiga roja en Barrio Sésamo

Por doubty - 12 de Enero, 2006, Categoría: General

Preámbulo pre-epistémico y gastronómico-dialéctico

 Claro que fue una deliciosa ingenuidad eso de caer en la trampa, tan tontamente, casi sin darme cuenta. "¿Me cuentas en dos palabras de qué va esa famosa teoría actor-red?" Y yo, obviamente cegado por la inusitada perspectiva de hablar en público -¡y nada menos que delante del páter majestaticus!- de lo que prácticamente ha constituido mi único y dificultoso ejercicio intelectual (de comprensión, no de creación, entiéndaseme bien) en los últimos meses, inconsciente del peligro amenazador al que me enfrentaba, ciego ante la resbalosa superficie que se abría ante mis pies, anonadado por la abundancia del famoso "plato B" de Ric y, en fin, cándido siempre como suelo ser, cometí ¡ay de mí! el nunca justamente ponderado error de intentar responder a la pregunta.

No me extenderé aquí en los minuciosos y lamentables detalles del tremendo vapuleo dialéctico al que me sometió Perico en semejante coyuntura, ayudado ciertamente por el entorno (como diría una historia externa del acontecimiento), por las continuas interrupciones para traer el postre y por la muy poco pertinente lectura que Ric (supongo que intentando ayudar) realizó de los más oscuros párrafos de mi reseña sin aludir al contexto previo (muy al estilo Sokaliano, por cierto). En fin, que cautivo y desarmado, no tuve más remedio que callarme, vencido por la amarga consciencia de no haber sido capaz de hacerme entender.

Pero esto no puede quedar así, digo yo, así que aquí va el segundo asalto, a ver por dónde me sopla el aire esta vez. Que la fuerza me acompañe.

 
Repasamos la lección

 
Tratemos de empezar situando el asunto en su sitio, a ver de qué demonios va el rollo. ¿Os acordáis de papá Merton? Su planteamiento normativo (el ethos de la ciencia, los cudeos, el estudio de la organización profesional y del contexto institucional…) parecía claramente insuficiente, porque se resistía (como antes Mannheim, claro), a mojarse el culo extendiendo el análisis a la producción misma del conocimiento.

El programa fuerte, en los años 70, propone por el contrario un análisis del núcleo mismo de la investigación científica. Sus cuatro principios (causalidad, imparcialidad, simetría, reflexividad) establecen un programa de investigaciones empíricas que finalmente supera la antigua visión de una "sociología del error". Ahora, los estudios pretenderán buscar explicaciones tanto para el conocimiento tenido como verdadero como para el que consideramos falso, aplicando el mismo tipo de argumentaciones y causalidades a ambas descripciones. Tras el fundamento teórico y las diversas disputas para establecer este enfoque como un paradigma de "ciencia normal" en el campo (tarea a la que se dedicaron sobre todo Bloor y Barnes), una serie de estudios de caso y de investigaciones empíricas vinieron a desarrollar los principios del programa en la práctica. Por ejemplo, McKenzie estudió el desarrollo de la estadística en Gran Bretaña a mediados del siglo XIX, relacionando por ejemplo las teorías eugenésicas de Galton con sus aportaciones a las matemáticas. Otros ensayos, por ejemplo, estudian la forma en que las teorías del cuerpo humano se relacionan con las explicaciones y las justificaciones del orden social en la escocia de medidos del XVIII, etc.

En todas las investigaciones del programa fuerte está implicada la teoría de los intereses: se supone que los grupos sociales alimentan expectativas que se convierten en intereses, socialmente pautados. Estos intereses (a diferencia de los enfoques marxistas o neomarxistas) afectan directamente a la producción de conocimiento científico, interviniendo en la estructuración de los campos de estudio, las observaciones empíricas, los juicios sobre las teorías científicas, etc. Adviertan mis ilustres simposiarcas que esto está muy lejos de ser un modelo causal burdo, lineal y mecánico. No, no es eso de que las mujeres tienen la menstruación y por eso estudian mejor los fluidos, mientras que los hombres tienen lo que tienen y por eso estudian el sólido rígido. El programa fuerte hila verdaderamente muy fino, y puede apoyar sus planteamientos teóricos con convincentes estudios de caso.

De todos modos, no me meteré ahora a discutir los variados problemas a los que se ha enfrentado la teoría de los intereses, ni las distintas controversias que han enfrentado a Barnes con quienes rechazan este enfoque. Sólo quisiera señalar que, como campo de investigación empírica, hay dos campos que han resultado especialmente fructíferos: las etnografías de laboratorio y el análisis de las controversias.

¿Y por qué resulta tan ilustrativo el análisis de las controversias en la ciencia? Se me ocurren varias cosillas:

§                    Porque muestran el hacerse de la ciencia, en lugar de ofrecernos ejemplos de una ciencia hecha y derecha, acabada, "limpia y elegante", reconstruida en definitiva para que quede bonita en los libros de texto y convincente en las conferencias públicas. Y es que resulta que el hacerse de la ciencia es mucho más caótico, desordenado, imprevisible y chapucero de lo que los apaños posteriores nos quieren vender.

§                    Porque revelanlos enfrentamientos entre puntos de vista contrapuestos, que se esfuerzan por ganar credibilidad y establecer su versión como la opción legítima del asunto.

§                    Porque manifiestan los esfuerzos constructivos en los que están empeñados los implicados, y que lejos de ser anecdóticos o circunstanciales, tienen un peso crucial en el desarrollo de su actividad.

§                    Y porque el marujeo la verdad es que puede resultar divertido tratándose de científicos ¿no?

 
¡Que vienen las hormigas!

 
Pues bien, en este contexto es donde nace la teoría actor-red (ANT para los amigos). Y aparece como un enfoque metodológico concreto, especialmente adecuado para el estudio de las controversias en el campo científico-técnico (de donde podrían tal vez derivar sus abundantes metáforas bélicas, pero –como dicen en las pelis - esa es otra historia).

¿Cuáles son los puntos de partida de la teoría actor-red?

§                    En el estudio de una controversia (por ejemplo, pensemos en Pasteur contra Pouchet sobre el tema de la generación espontánea) se enfrentan habitualmente dos grupos contendientes. ¿Cómo luchan uno contra otro? ¿Con qué argumentos cuentan para derrotar al contrincante? ¿Cuándo la discusión se puede considerar cerrada, con un vencedor y un vencido? Allí donde la historia de la Ciencia más rancia nos diría que lo que ocurre es que un grupo "tiene razón" y por eso los experimentos "confirman" sus posiciones, la teoría actor-red aplica un enfoque constructivista. Para ANT, cada uno de ellos se esfuerza por obtener apoyo, reclutando aliados y tejiendo asociaciones duraderas entre elementos heterogéneos para reforzar sus posiciones. Por ejemplo, Pasteur intenta buscarse como aliados a sus colegas de la academia, al emperador de Francia, a los microbios que cultiva en su laboratorio…  Aquí es importante señalar que cada uno de los grupos contendientes tiene su propia "composición de lugar". En rigor, el mundo de Pasteur está poblado por entidades diferentes de las del mundo de Pouchet. Allí donde Pouchet ve claramente que sus cuidadosos y precisos experimentos confirman la existencia de la generación espontánea, Pasteur ve falta de atención y contaminación de los aparatos…

§                    Estas asociaciones de elementos implican, además de una relación, una transformación de las entidades que pueblan el mundo de los actores. Esto es lo que ANT denomina la traducción. El proceso de traducción puede entenderse como la actividad mediante la que se tejen asociaciones entre elementos humanos y no-humanos. A estos elementos, para sumarlos a nuestro esfuerzo, hay que seducirlos y convencerlos. Callon habla de cuatro fases: problematización, interesamiento, reclutamiento y movilización. Por ejemplo, Pasteur tiene que convencer al ministro de sanidad de que sus investigaciones podrían conducir a la creación de una vacuna para el ántrax que tendría importantes repercusiones para Francia. Esto puede funcionar si el ministro considera que Pasteur está en una posición prometedora para satisfacer su propio programa como político. Pero Pasteur también tiene que "seducir" y unir a su causa a los granjeros que ven cómo su ganado enferma y muere, para que acepten sus extraños y pintorescos procedimientos… Y, last but not least, tiene que "engatusar" al bacilo del ántrax para que se comporte como "debe" y responda adecuadamente a su vacuna… Lo relevante en todo este "tinglao" es que, cuando Pasteur traza sus asociaciones con el ministro, con los granjeros, con el bacilo del ántrax… el resultado es distinto de la suma de los miembros. El Pasteur de antes de los microbios es radicalmente distinto del Pasteur que ha conseguido aliarse con ellos. Cuando Pasteur consigue "traducir a los microbios", el resultado es una asociación heterogénea (entre humanos y no-humanos) en la que sus elementos han resultado radicalmente transformados. Ahora son otra cosa, porque pueden conseguir que los demás hagan cosas nuevas que antes no estaban ni remotamente a su alcance. Y no sólo eso, sino que además Pasteur se ha convertido en el único legítimo intérprete de la vida secreta de los microbios. Ahora es un portavoz, y su laboratorio es un punto de paso obligado para todos los que quieran utilizar sus métodos (que pronto, y gracias a los esfuerzos de Pasteur y sus aliados, serán todos en Francia)

§                    Cuando uno de los grupos contendientes consigue estabilizar una de estas redes de asociaciones  de forma conveniente, imponiendo su definición del mundo a los demás, la controversia queda zanjada. Entonces se cierra la caja negra, que a partir de entonces se convierte en un lugar común que se da por hecho y que nadie cuestiona. Ha nacido un grumo de realidad, un nodo del actor-red. Pero hay que tener en cuenta que esta afirmación de que las redes (y de hecho la realidad) son construidas mediante la actividad práctica y esforzada de los actores, no implica, sin embargo, que se puedan elaborar a capricho ni que estén hechas de humo. Yo no me puedo inventar la realidad "que me dé la gana". No todo vale. Porque de lo que se trata es de crear una asociación (un actor-red) que sea capaz de resistir las diversas y durísimas pruebas a las que todos los demás contendientes van a someterlas. Su éxito (su permanencia) dependerá de lo fuertes y duraderas que sean las asociaciones que hemos trazado. Y esto depende, básicamente, de un continuo trabajo de mantenimiento, refuerzo y adición de alianzas con todo tipo de entidades. Una de las principales implicaciones de esta teoría es, por tanto, la necesidad de contar en nuestra asociación tanto con aliados humanos como con aliados no-humanos.

 
Hormigas rojas más allá de la ciencia

 
¿Entendido hasta aquí? Os lo digo porque ahora vamos directos al tomate. Que no es otro que la extensión de la teoría a ámbitos más generales, más allá de los estudios sociales de la ciencia.

Tal vez podríamos preguntarnos por las razones que impulsan a nuestros amiguitos a extender esta teoría a otros campos. ¿Qué hay en ANT para que estos tipejos sean tan ambiciosos y quieran salir de su hormiguero como la marabunta? A ver si atino:

1.     El carácter esencialmente metodológico de la propuesta. No se trata tanto (aunque no tengo muy claro que no se trate en absoluto, como ellos dicen) de una teoría sustantiva como de un enfoque orientador de la investigación. ANT está preocupada sobre todo por cómo estudiar las cosas, y no tanto por determinar de qué están hechas.

2.     Sus implicaciones epistemológicas, que pasan por otorgar agencia a los actantes no-humanos y por replantear la vieja cuestión de qué es lo real. Si no temiera la indefectible paliza que me va a pegar Perico, diría aquí que lo que se propone es una ontología. ¿A que sí?

3.     Su interés en los procesos que constituyen la realidad mediante los esfuerzos de los actores, que llevan a ANT a postular que la mayor parte de las entidades y categorías con las que estamos familiarizados son la consecuencia de un largo encadenamiento de mediadores. Así, la mayor parte de los sociólogos empieza sus investigaciones dando por hecho el resultado de los procesos relevantes, cuando lo que de verdad interesa estudiar es cómo esas categorías y entidades han emergido en un proceso complejo de actividad que los ha convertido en un actor-red.

4.     Su reformulación de lo que es una explicación. Este tema me inquieta considerablemente. A ver si alguien se prepara un simposio sobre el tema. Pero de momento, lo que ANT no se cansa de decir es que el interés central de su enfoque es describir las asociaciones, y no explicar. Al menos no "explicar" en el sentido tradicional del término. Pero ¿qué es explicar?

 

Bueno, pues por estas o por otras razones, ANT ha pretendido extender su modelo teórico a otros campos de lo que podríamos llamar la investigación "sociológica". Y su propuesta, claro, está en claro contraste con los enfoques tradicionales o clásicos. Veamos algunos ejemplos.

§              Allí donde las teorías clásicas parten de la existencia de, por ejemplo, grupos (como las clases, los estamentos, los partidos, las masas, los intelectuales, o los miembros del Círculo de Madrid), ANT se dedica más bien a estudiar cómo estos grupos son formados y cómo se mantienen, esforzándose en estabilizarse mediante un continuo trabajo de alianzas y negociaciones.

§              Allí donde las teorías clásicas ven objetos pasivos y sujetos activos, responsables últimos de la acción, ANT plantea la asociación de elementos heterogéneos humanos y no-humanos en un proceso continuo de traducción. Así que también los objetos tienen agencia.

§              Allí donde las teorías clásicas hablan de escalas macro y micro, ANT se preocupa por rastrear el modo en que los actantes definen y extienden la escala. Los efectos de escala son también obra de los actores, y lo interesante es ver cómo se logran y se expanden.

§              Allí donde las teorías clásicas establecen distinciones radicales entre Naturaleza y Sociedad o entre sujeto y objeto, ANT estudia el modo en que diferentes entidades se asocian para constituir un ensamblaje global en el que ya no tienen sentido estas distinciones. Nuestro mundo no está poblado por objetos y por sujetos, sino que está poblado por sus múltiples y complejas relaciones en cadenas de asociaciones, a las que se denomina actores-red. Las clásicas escisiones de la sociología tradicional han dejado de ser útiles y relevantes para describir el mundo en el que vivimos.

 

Y ahora (pero sólo ahora) os presento mis dudillas

 

Es indiscutible que uno de los graves errores que cometí con Perico fue el de avanzar mis dudas respecto a la teoría actor-red con demasiada antelación. Tal vez antes de haberme explicado bien sobre sus contenidos. O tal vez no. Ya me diréis. En todo caso, creo llegado el momento de manifestar mis dudas e inquietudes sobre el particular. Esto sí que me interesa mucho, y aquí es donde me gustaría centrar el debatillo. A ver si me dais cañita, hombre, que ando algo oxidado y esta frustración dialéctica  con Perico me ha ayudado mucho a oxigenar la mente.
Así que muy bonito. Las hormigas rojas han invadido Barrio Sésamo, y ahora nos vemos acosados por estos ciegos e insidiosos insectitos, que proliferan y perturban nuestro dulce sueño bourdieano (o giddensano, o quienseano). Pero no todo es tan bonito. Antes de emigrar a hormigalandia tengo que tener claras algunas cuestioncitas:

 

§                    Primera cuestión: ¿cómo enfocar un estudio de caso con este enfoque metodológico? ¿Por dónde empezar? ¿Dónde acabamos? La densidad impenetrable de las redes y de los nodos (que cuando se descajanegrizan resultan ser otras redes congeladas…) resulta aterradora. Hay que pillar las cosas por el medio, sin saber muy bien qué dar por hecho y qué es más conveniente deconstruir. Además, las asociaciones son interminables. ¿Cuáles rastrear? ¿Y por qué unas y no otras? Las hormiguitas nos dicen que es una elección "arriesgada" del analista, y que el estudio está acabado "cuando escribes la última palabra". ¿Es que van de farol o hablan en serio? En todo caso estas respuestas no me dejan muy tranquilo…

§                    El tema de la agencia de los no-humanos, y de las asociaciones de elementos heterogéneos es una bonita historia, pero tiene sus peros. Así que no son los aviones los que vuelan, sino que quien vuela es la línea aérea. Pero si la agencia está delegada en los actantes no-humanos, o mejor dicho, si la agencia es cosa de una asociación heterogénea, ¿limita esto la responsabilidad del sujeto? ¿No estamos entrando en terrenos éticos muy resbaladizos?

§                    ¿Y cuál es el papel del sociólogo aquí? ¿Escribir "bonitos informes"? ¿Tan sólo describir la formación de asociaciones y las controversias que los oponen? ¿No tiene el sociólogo la tarea de explicar? Pero, de nuevo ¿qué es explicar? Durante mucho tiempo pensé que explicar era, en sociología, revelar la dinámica oculta tras los fenómenos, acceder a un ámbito de verdad  "más verdadera", revelar la estructura escondida tras la inabarcable confusión de lo que nos rodea… ¿Soy acaso un estructuralista? ¡Y yo sin darme cuenta! ¿O es que – Mario dixit – describir y explicar no son sino lo mismo? Bueno, lo mismo pero distinto… A ver, que aquí empiezo a liarme y necesito ayuda…

§                    Y, claro, el asunto de las implicaciones políticas. Porque una teoría que muestra, pongamos por caso, que tras los fenómenos ordinarios y habituales lo que hay es una estructura de poder alienante y explotadora, nos ofrece un discurso de la verdad (oculta), una denuncia de la ideología y un curso de acción concreto. Pero una teoría que meramente describe ¿nos aboca tal vez a asistir, tal vez como curiosos observadores del festejo, al margen de toda veleidad intervencionista? ¿O es que yo estoy todavía, a mis años, bajo el pernicioso influjo de la francmasonería, y aspiro a una ingenua e imposible emancipación en versión ilustrada que no tiene razón de ser en el mundo posmoderno?

 

Y como aquí de nuevo me pierdo, prefiero callarme y solicitar la ayuda del respetable, a quien invito a debatir estas ideas. Y a quien también me veo en el compromiso de invitar a algo más bebible, si es que de verdad se han leído este infumable rollo patatero.

 

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