General
Artículos y anotaciones generales

Habermasiana

Por doubty - 22 de Abril, 2006, 18:41, Categoría: General

Jürgen Habermas es, sin ningún género de dudas, uno de los teóricos sociales vivos más importantes de nuestro tiempo. Heredero de los planteamientos de la Escuela de Frankfurt, ha mantenido un largo y vivo debate contra los autores de la posmodernidad[1], sosteniendo una apasionada defensa del núcleo fundamental del proyecto ilustrado y de la universalidad de la razón.

Pese a su enorme prestigio, y a la gran importancia de sus aportaciones teóricas, aproximarse a los textos de Habermas puede convertirse en una ardua tarea, debido tanto a la densidad de su pensamiento como a la complejidad y extensión de sus obras más significativas. Por ello, resulta muy interesante emprender un primer acercamiento a su obra consultando algunos de sus ensayos más directos y  accesibles. Así, por ejemplo, en un breve artículo titulado “Conocimiento e Interés”[2], Habermas expone la relación que, a su juicio existe entre las diversas disciplinas científicas y las distintas dimensiones de la acción humana, que a su vez se corresponden con intereses específicos y diferenciados. De acuerdo con este enfoque, las Ciencias de la Naturaleza (como la Física, la Química o la Biología) responden a un interés técnico, puesto que su objetivo último consiste en conocer y controlar la Naturaleza. En un segundo bloque, disciplinas como la Historia, la Antropología o la Sociología satisfacen un interés práctico, ya que su meta es la comprensión de los hombres, para facilitar su comunicación y su entendimiento. Por último, el Psicoanálisis y la Filosofía (entendida como Teoría Crítica) atienden a un interés emancipatorio, puesto que su propósito es liberar al hombre de sus condicionamientos sociohistóricos mediante el desarrollo de la racionalidad y de la libertad.

Como queda claro desde la lectura de esta breve y temprana obra, en los planteamientos teóricos de Habermas se deja sentir de forma palpable la herencia de la Escuela de Frankfurt. Reformulando los planteamientos de autores como Adorno, Horkheimer o Marcuse, Habermas considera que la tarea fundamental a la que se enfrenta la Teoría Social consiste en ofrecer un modelo de racionalidad que recupere la jerarquía ilustrada de los intereses y que se fundamente en la afirmación de una racionalidad común y universal capaz de facilitar el entendimiento y la convivencia. De hecho, podríamos afirmar que, a lo largo de toda su obra, el propósito último de Habermas ha sido reformular el proyecto emancipatorio de la Ilustración desde una perspectiva teórica sustentada en la universalidad de la razón y la afirmación de una racionalidad común.

En su búsqueda de un fundamento para esta racionalidad universal en la que se basa todo su planteamiento teórico, Habermas parte de un concepto pragmático de la racionalidad articulada en el lenguaje. Para Habermas, el lenguaje no sólo es un sistema de actos de habla, sino que además es la práctica en la que se articula la racionalidad humana. Basándose en las aportaciones del segundo Wittgenstein[3] y de Austin[4], Habermas considera que la dimensión fundamental del lenguaje no es ni la sintaxis ni la semántica, sino más bien la pragmática. La cuestión central, por tanto, estriba en analizar el modo en que el lenguaje puede servir de instrumento para la comunicación intersubjetiva, así como las condiciones que deberían cumplirse para conseguir el entendimiento entre los hablantes. Según Habermas, la comunicación se basa en cuatro pretensiones: 1) la pretensión de inteligibilidad (lo que dice el hablante es inteligible); 2) la pretensión de verdad (lo que dice el hablante se corresponde con la realidad); 3) la pretensión de rectitud (lo que dice el hablante respeta el orden normativo compartido por la comunidad dentro de la que se expresa); y 4) la pretensión de veracidad (lo que dice el hablante se corresponde con lo que cree).

Una comunicación plena que permita el entendimiento debe satisfacer estas cuatro pretensiones. Si, por el contrario, estas pretensiones son puestas en cuestión, surgirá un acto de comunicación específico (al que Habermas denomina “discurso”) en el que lo que se pretende es argumentar la validez de un determinado acto de habla. Esta argumentación, a su vez, debe satisfacer unas reglas específicas para ser válida: se ha de producir en ausencia de coerciones externas y de modo abierto y transparente, sin limitar a priori el número de participantes posibles ni sus posibilidades de expresión. Habermas denomina “comunidad ideal de habla” a esta situación “típico-ideal”, cuya principal finalidad es garantizar la validez general del resultado, y por tanto la universalidad de las conclusiones.

Así pues, Habermas propone un modelo consensual de la verdad teórica, en el que lo esencial es la posibilidad de establecer una comunidad ideal de diálogo capaz de llegar a un acuerdo sobre lo que es verdadero. Y del mismo modo, en el ámbito de la racionalidad práctica, las normas legítimas son aquellas que resultan aceptadas por los participantes de una comunidad ideal de habla mediante el acuerdo, la negociación y el consenso. La verdad es universal e imparcial porque surge consensualmente como resultado de un debate abierto y sin restricciones. Las normas son universales e imparciales porque se establecen mediante un diálogo sin coerciones ni presiones externas en una comunidad de hablantes abierta a todos. De manera que, a través del diálogo en una comunidad ideal de habla, Habermas defiende la posibilidad de establecer la universalidad e imparcialidad de la racionalidad comunicativa. Si bien es cierto que no se trata de una universalidad absoluta (puesto que siempre está condicionada a la voluntad de dialogar, que se convierte de este modo en una especie de presupuesto ético necesario para la constitución de la racionalidad), Habermas pretende haber encontrado una fundamentación a la vieja aspiración ilustrada de basar el ideal emancipatorio en una racionalidad teórica y práctica sustentada en la comunidad ideal de diálogo.

Aplicando este modelo de racionalidad al estudio de la sociedad industrial moderna, Habermas ha desarrollado una de las elaboraciones teóricas más importantes de la Sociología contemporánea. En su Teoría de la acción comunicativa, monumental obra publicada originalmente en 1981, Habermas realiza al mismo tiempo un exhaustivo repaso de las principales aportaciones teóricas de los grandes autores en Sociología, y un complejo y profundo análisis de las sociedades occidentales desarrolladas de la modernidad tardía. En su abrumador trabajo de investigación, Habermas parte de la teoría de la racionalización de Max Weber, comenta las aportaciones de la Escuela de Frankfurt a la crítica de la razón instrumental, toma en consideración la teoría de la acción que parte de Mead y de Durkheim, revisa la teoría sistémica de Talcott Parsons, y finalmente regresa a la perspectiva marxista, para proponer como conclusión un nuevo enfoque crítico de la teoría social.

Dada la extrema complejidad de esta obra capital, resulta imposible abarcar su sorprendente riqueza de contenidos en una breve reseña como esta. Así pues, nos centraremos en la revisión de algunos aspectos concretos de la última parte del libro, que resultan especialmente relevantes. En este significativo fragmento, Habermas analiza lo que según su perspectiva constituye el problema fundamental de las sociedades industriales modernas, caracterizadas por el dominio de la racionalidad técnica e instrumental que ha conducido al bloqueo de los intereses emancipatorios y a la colonización del mundo de la vida.

En las consideraciones finales de la Teoría de la acción comunicativa, Habermas parte de la teoría weberiana, pero modificando sustancialmente algunos de sus aspectos. Según Weber, la creciente burocratización de las sociedades modernas, ajustada a un paradigma de razón instrumental con arreglo a fines, estaba dando lugar a una pérdida de sentido y de libertad de los individuos, situación que puede denominarse “paradoja de la racionalización”. Según Weber, la progresiva disolución de las convicciones compartidas que orientaban la acción y estructuraban la identidad en las sociedades tradicionales ha desencadenado una progresiva utilización de la razón al servicio de la subjetividad, en el mundo caracterizado por el “politeísmo normativo” de la modernidad.

Para Habermas, no obstante, no basta con atenerse a la idea de una racionalidad con arreglo a fines, sino que es preciso desarrollar un modelo más complejo de racionalidad. En su teoría, distingue tres planos o modalidades de racionalidad: la cognitivo-instrumental, la práctico-moral y la estético-expresiva. Además se hace necesario distinguir dos planos diferenciados en el análisis social. Así, en primer lugar habría que tener en cuenta al mundo de la vida, estructurado comunicativamente y basado en el lenguaje y el diálogo, mientras que en segundo lugar sería preciso atender al nivel sistémico, basado en el intercambio y la circulación de medios de regulación como el poder o el dinero. En este esquema, mientras que el mundo de la vida está integrado socialmente mediante la acción comunicativa, el mundo de la economía y de la administración está integrado sistémicamente. En el esquema habermasiano, el mundo de la vida está estructurado en dos órdenes institucionales distintos que corresponden a la esfera de la vida privada y a la esfera de la opinión pública. Por lo que respecta al sistema social, cabría señalar las diferencias entre el subsistema económico, regido por el medio “dinero”, y el subsistema administrativo, articulado mediante el medio “poder”.

Así pues, Habermas esboza una reformulación de las tesis weberianas corregidas y modificadas mediante estos conceptos. Efectivamente, el surgimiento de las sociedades modernas requiere la institucionalización y el anclaje motivacional de ideas jurídicas y morales postconvencionales, pero en este proceso de modernización la racionalidad cognitivo-instrumental ha desbordado los límites de la economía y del estado y ha penetrado en el mundo de la vida a costa de la racionalidad práctico-moral y estético-expresiva, lo cual provoca perturbaciones en la reproducción simbólica del mundo de la vida. De este planteamiento se puede concluir que el gran problema de las sociedades modernas estriba en que el mundo de la vida está siendo colonizado internamente por un tipo de racionalidad instrumental que ha desbordado los límites del ámbito que le correspondería ocupar.

La burocratización es, tanto para Weber como para Habermas, un proceso fundamental en las sociedades modernas en la organización de la economía y de la administración. Sin embargo, allí donde Weber interpreta que los actores implicados en este tipo de organizaciones se comportan desarrollando acciones racionales con arreglo a fines, los modernos desarrollos teóricos tienden más bien a acentuar los aspectos sistémicos funcionalmente operativos de la organización. La tesis weberiana de la pérdida de libertad de los actores individuales puede replantearse así como consecuencia de un nuevo nivel de diferenciación sistémica. “Al diferenciarse los subsistemas Economía y Estado (a través de los medios dinero y poder) de un sistema institucional inserto en el horizonte del mundo de la vida, surgen ámbitos de acción formalmente organizados cuya integración no discurre ya a través del mecanismo del entendimiento, que se disocian del mundo de la vida y que se coagulan en una socialidad vacía de sustancia normativa.”[5] Esto permite considerar a las organizaciones como “máquinas vivas” en interacción con un “entorno” que “funcionan” estableciendo mecanismos de autorregulación y homeostasis. La imagen general que proporciona la teoría de sistemas resulta, sin embargo, en que sus categorías parecen dar por finalizado este proceso, “como si este proceso cuyos inicios describió Weber estuviera ya cerrado, como si una burocratización total hubiera deshumanizado ya por completo la sociedad, la hubiera convertido en un sistema desprovisto de todo anclaje en un mundo de la vida comunicativamente estructurado y éste, a su vez, hubiera quedado degradado al status de un subsistema entre otros.”[6]

En el análisis del proceso modernizador propuesto por Habermas se integran las visiones complementarias de Marx y de Weber. Se trata, por tanto, de complementar la visión sistémica marxiana, en la que se estudia la acumulación de capital para explicar a partir de ella el desarrollo de nuevas formas de producción, con los planteamientos weberianos, más centrados en las formas de integración social, y que analizan el modo en que la economía y la administración se han ido orientando progresivamente hacia formas de acción racional. En la interpretación de Habermas resulta esencial conectar estas dos caras de la explicación sociológica, encontrando la relación entre las dimensiones sistémicas (en el mundo económico y administrativo) y el mundo de la vida, lo cual implica localizar el “punto de anclaje” de las prácticas correspondientes en las estructuras simbólicas de la interacción comunicativa. Así es posible reformular la teoría weberiana de la burocratización refiriendo el proceso tanto al plano sistémico como al del mundo de la vida.[7] En este marco, la tesis weberiana de la pérdida de libertad del sujeto también debería ser reconsiderada. Para Weber la paradoja de la racionalización social consistía en que la racionalidad con arreglo a fines deja de estar relacionada con la racionalidad con arreglo a valores, fundamentando así una acción eficaz en términos instrumentales pero desarraigada de toda base ética. Habermas, en cambio, propone considerar a estos fenómenos como efectos de un desacoplamiento entre el sistema y el mundo de la vida.

En el esquema teórico de Habermas se incluye una completa descripción de las interrelaciones que tienen lugar entre los órdenes institucionales del mundo de la vida (esfera de la vida privada y de la opinión pública) y los ámbitos del orden sistémico (el subsistema económico y el subsistema administrativo). Así, la conexión entre la esfera de la vida privada y el subsistema económico resulta ser doble, puesto que el individuo como trabajador ofrece su fuerza de trabajo a cambio de rentas, mientras que como consumidor recibe bienes y servicios en respuesta a sus demandas en el mercado. Del mismo modo, las relaciones entre la esfera de la opinión pública y el subsistema administrativo son asimismo dobles, ya que el individuo como cliente entrega impuestos a cambio de rendimientos organizativos, pero también ofrece su lealtad al sistema a cambio de decisiones políticas concretas. En todas estas interrelaciones los medios que están en juego son siempre dos: el dinero y el poder.

En principio, el esquema de las interrelaciones entre el mundo de la vida y el orden sistémico no debería generar problemas siempre que en la práctica social se respetasen los imperativos y las dinámicas propias de cada uno de estos ámbitos. Desgraciadamente, no cabe duda de que el proceso modernizador ha operado de un modo significativamente distinto. Lo que se aprecia en la práctica es una progresiva extensión de la lógica propia del ámbito sistémico a otras áreas de influencia que, en principio, deberían regirse por la dinámica propia del mundo de la vida. “A medida que el sistema económico somete a sus imperativos a la forma de vida doméstica y el modo de vida de consumidores y empleados, el consumismo y el individualismo posesivo y las motivaciones relacionadas con el rendimiento y la competitividad adquieren una fuerza configuradora. La práctica comunicativa cotidiana experimenta un proceso de racionalización unilateral que tiene como consecuencia un estilo de vida marcado por un utilitarismo centrado en torno a la especialización.”[8] Y lo mismo sucede respecto a la esfera de la opinión pública, ya que en ella “la burocratización se apodera de los procesos espontáneos de formación de la opinión y de la voluntad colectivas y los vacía de contenido.”[9]

El punto crítico del proceso modernizador estaría, entonces, en el momento en que la mediatización del mundo de la vida se convierte en una colonización del mundo de la vida.  Lo que Habermas aprecia en este proceso es una hipertrofia del área de acción legítima de la racionalidad cognitivo-instrumental, que desborda patológicamente su legítimo ámbito de acción en detrimento de las dimensiones práctico-morales y estético-expresivas de la racionalidad. También el análisis weberiano de la modernización cultural acentuaba la importancia de esta fragmentación de los saberes tradicionales en las esferas independientes del conocimiento, la justicia y el arte. Weber señalaba el factor crucial de la profesionalización de estas esferas y la consagración de un saber experto alejado del gran público, enfatizando lo paradójico de este proceso de racionalización cultural que, junto con la profundización de los saberes y su especialización, amenaza con empobrecer y desvirtuar el mundo de la vida. De hecho, la preocupación por esta problemática es una de las señas de identidad del movimiento ilustrado, que se propuso como objetivo principal su superación. Al establecer esta conceptualización, lo que Habermas viene de hecho a proponer es una recuperación del proyecto ilustrado desde su particular planteamiento teórico. A su entender, lo que lleva “al empobrecimiento cultural de la práctica comunicativa cotidiana no es la diferenciación y desarrollo de las distintas esferas culturales de valor conforme a su propio sentido específico, sino la ruptura elitista de la cultura de los expertos con los contextos de la acción comunicativa.”[10] Según Habermas, el horizonte emancipador de la Ilustración no ha fracasado, sino que simplemente es un proyecto incompleto. De lo que se trata, por tanto, es de devolver el protagonismo a la acción comunicativa en la esfera que le corresponde para corregir la perniciosa tendencia a la colonización del mundo de la vida por parte de instancias como el dinero y el poder, cuyo ámbito de actuación no debería extenderse al mundo de la vida.



[1] La mayor parte de las críticas de Habermas a los teóricos de la posmodernidad se encuentra recogida en su texto El discurso filosófico de la modernidad, Taurus, 1989

[2] Este breve artículo está recogido en el volumen Ciencia y técnica como ideología, Tecnos, 2001

[3] Fundamentalmente, Habermas recoge el concepto wittgensteiniano de “juegos de lenguaje” que aparece en las Investigaciones Filosóficas

[4] El aspecto clave es la distinción fundamental entre actos locucionarios, ilocucionarios y perlocucionarios. Véase J. L. Austin: Cómo hacer cosas con palabras, Paidós, Buenos Aires, 1971

[5] Habermas, “Teoría de la acción comunicativa”, Vol II, pp. 435-436

[6] Ibíd. p. 443

[7] Como se hace en las pp. 444 y siguientes de la obra citada.

[8] Ibíd. p. 461

[9] Ibíd. p. 461

[10] Ibíd. p. 469

¡Ay, lo k'encontrao!

Por doubty - 4 de Abril, 2006, 9:07, Categoría: General

Para que veáis lo que se encuentra uno por ahí, una mina de oro en textos de teoría sociológica, aparte, claro está, de los de Super Mario Bros.
Y para que cosnte en algún lado, también cuelgo el enlace a lo de Barcelona.

Hala, a ver si me escribís algún mensaje de apoyo anímico erótico-festivo.

Coprolito en forma de bienvenida

Por doubty - 5 de Octubre, 2005, 16:02, Categoría: General

Vomitado como un mal sueño, deyectado bruscamente por algún dios sin clemencia, amanezco virtualmente en un charco de excrementos y de interrogantes. Desde luego, alguno ya pensará que pronto empiezo a metaforizar. Evidente. Arrojado al anillo exterior de la blogosfera, más allá de las borrosas lindes del ciberespacio, por culpa de mi irreflenable adicción a los adjetivos. De modo que no me ha quedado otra alternativa. O me bloguizo o me despeñan por el Taigeto de la red, que estos cibercompis no tienen piedad. Porque la alternativa más obvia, reprimir mi irrefrenable verbosidad diarreica, no me parece de recibo. A ver si después de años soportando en silencio mi estreñimiento expresivo, resulta que ahora me tengo que poner esparadrapo. De eso nada. Esas cosas se piensan primero. O no haber abierto la caja de los truenos.

Así que, bienvenidos.

El Blog

Calendario

<<   Septiembre 2017    
LMMiJVSD
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30  

Categorías

Sindicación

Enlaces

Alojado en
ZoomBlog